Hará ya un par o tres de semanas que colgamos un artículo en el que hablábamos del término flexibilidad psicológica, intentando explicar su importancia dentro de la terapia de aceptación y compromiso, así como en la capacidad de toda persona para vivir una vida plena y feliz. Finalizábamos dicho artículo comentando la importancia de la defusión, técnica en la que se entrena la capacidad para modificar la relación que tenemos con nuestros pensamientos, teniendo siempre presente que no son más que eso, pensamientos. Hoy profundizaremos un poco más sobre el tema.

¿Nuestra mente nos engaña?

El otro dia, leyendo un artículo del gran Steven Hayes relacionado con el tema, leí una frase que el propio Hayes citaba de un comediante llamado Emmo Philips, que me hizo reflexionar: “Solía pensar que mi mente era mi órgano más importante. Luego me di cuenta de cuál era el órgano que estaba diciéndome eso”.

psicologia, psicologos, mente, activital, coaching, defusionNuestra mente, la mente lógica, racional y analítica, es la que lleva las riendas de nuestras vidas. Nos acompaña en todo momento, diciéndonos cómo aprender, cómo amar, cómo vivir…. Es la que soluciona nuestros problemas, el órgano con mayor influencia sobre todo lo que hacemos. Así que, en cierta medida, es normal que pensemos que nuestras mentes son las únicas poseedoras de la verdad. Si que podemos dudar de nosotros mismos, de nuestros procesos mentales, en ciertas situaciones, como por ejemplo, delante de un proceso de razonamiento para solucionar un difícil problema en concreto, o alguna decisión particularmente difícil de resolver… Pero, ¿quién pone en tela de juicio lo que le dice su propia mente cuando ésta le susurra, así por lo bajini, “seguro que no puedes hacerlo” o “podrías haberlo hecho mejor”?. Baste decir que las creencias de las personas son una de las cosas más difíciles de modificar, pues es sobre lo que cimentamos muchísimas otras cosas de nuestras vidas. Y la principal y más clara expresión de las susodichas creencias son los pensamientos que tenemos (pueden ser automáticos, recurrentes, negativos, positivos…).

El concepto de ¿y tú, cómo te relacionas con tus pensamientos? puede coger a más de uno por sorpresa. Y es que la idea de distanciarnos de nuestros propios pensamientos y plantearnos cómo nos relacionamos con ellos, es harto novedosa.

Cómo romper con la hegemonía de la mente

La ilusión de que la mente domina todo, de que todo lo sabe, es muy poderosa. Esta fundamentada en todo el conocimiento que vamos adquiriendo a nivel simbólico a lo largo de nuestra existencia. Y es que los símbolos (nuestro pensamiento simbólico racional) continuamente esta referenciando y guiando dicho conocimiento adquirido.

Entonces, ¿cómo romper dicha ilusión?

A continuación os explicamos algunos trucos  y técnicas que podéis utilizar para alejarnos de nuestros pensamientos, dándonos cuenta de que lo que éstos dicen no son la realidad de lo que realmente somos. Tienen especial relevancia delante de pensamientos auto-referenciales, juiciosos, apremiantes, ansiosos o negativos.

1) “Estoy teniendo el pensamiento de…”: Esta es una técnica relativamente fácil y que puede marcar una gran diferencia a la hora de relacionarnos con nuestra mente. La diferencia entre decirnos a nosotros mismos “soy tonto” de “estoy teniendo el pensamiento de que soy tonto”, es abismal.

2) Mándalo fuera: Se trata de imaginar el pensamiento con el que estemos lidiando en el momento y situarlo fuera de tu mente, a una corta distancia frente a ti. Una vez que nos lo hemos imaginado, se trata de atribuirle diversas características; color, forma, peso, tamaño, consistencia, fortaleza… Al final crearemos una entidad externa que será la representación de dicho pensamiento.

3) Una palabra: Reduce el pensamiento a una sola palabra y a continuación, pronuncia esa palabra en voz alta, tan rápido como puedas, durante 30 segundos. El objetivo es que mientras vas repitiendo la palabra, notes las sensaciones de tu cuerpo al pronunciarla (tensión de la mandíbula, sonido que sale de tus cuerdas vocales, fusión del principio con el final de la palabra…). ¿Realmente necesitamos pelearnos o resistirnos con una cosa que no acaba siendo más que un movimiento muscular seguido de un sonido?

4) Escríbelo: Escribe tu pensamiento. Léelo. Céntrate en el ritmo que tiene la frase o palabra que hayas escrito. Léelo de nuevo. Al final de lo que has escrito, escribe “o no”. Vuélvelo a leer. Léelo tantas veces como haga falta.

5) Ridiculízalo: En tu cabeza, cuando aparezca el pensamiento en cuestión,  ponle voces de dibujos animados. O si lo prefieres, recítalo como si fuera la canción del cumpleaños feliz (o con la melodía de “despacito”). Incluso puedes grabar el pensamiento en alguna de las muchas y variadas apps que te lo permiten, y reproducirlo con diferentes tonos y melodías.

6) Llévalo a la infancia: Se trata de imaginarnos a nosotros mismos, de pequeños, teniendo ese mismo pensamiento. Imagínate a ti mismo de niño, diciendo ese mismo pensamiento en voz alta. Si tu fueses un adulto que pudiera estar allí, delante de ése niño que dice ese pensamiento en voz alta; ¿que le dirías? La clave esta en ver si este ejercicio nos puede dar pistas sobre cómo nos podríamos dispensar un mejor trato cuando estos pensamientos aparecen en nuestras vidas.

7) Llévatelo de paseo: Escribe el pensamiento en un papel y guárdalo en algún sitio encima tuyo (cartera, bolsillo del pantalón, chaqueta…) llevándolo contigo durante el resto del día mientras realizas tus quehaceres del día a día de una forma normal, yendo a donde quieres ir, realizando las cosas que quieres hacer. La idea es que nos demos cuenta de que , por mucho que llevemos algunos pensamientos “indeseables” encima, podemos seguir con nuestra vida, yendo en la dirección de aquello que nos importa. El pensamiento en sí puede no abandonarte… pero tal vez no hace falta que así sea. Tal vez, simplemente, puedas invitarlo a acompañarte, y disfrutar del paseo.

 

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Información extraída de: Steven C. Hayes (2012). The Mental Spider That Claims to Be Us. Recuperado de http://www.stevenchayes.com

Imágenes: Pixabay.com.

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