Las emociones son respuestas del organismo ante una situación determinada, ante la cual la manera en que se percibe vendrá fuertemente marcada por la historia personal de cada uno. Así, según lo que ha vivido una persona previamente, delante de unos hechos podrá reaccionar con tristeza, donde otros reaccionarían con alegría, por ejemplo. La inteligencia emocional requiere de una serie de habilidades en la manera de actuar ante nuestras emociones que permita incorporarlas en el camino de una persona hacia lo que le importa para ser feliz.

 

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Existe gran cantidad de clasificaciones de tipos de emoción, entre las que suelen coincidir dando especial relevancia a emociones primarias o básicas como son la ira, el amor, el miedo, la tristeza o la alegría. Ellas a menudo se clasifican entre emociones positivas, como buenas, y las negativas como malas, si bien esa clasificación puede tener consecuencias negativas.

Tener miedo si vemos un coche acercarse a nosotros a gran velocidad mientras cruzamos la calle, probablemente sea de gran ventaja respecto a una persona que sintiese alegría en esa situación, por lo cual las emociones negativas tienen también su utilidad, son igual de buenas en este sentido, aun cuando las sensaciones que producen puedan ser desagradables. Es importante este hecho dado que gran parte de los conflictos emocionales está relacionada con querer aferrarse a las emociones positivas o evitar las negativas.

Existen en nuestra sociedad algunas ideas ampliamente establecidas que dificultan una buena relación con el mundo de las emociones:

“Las emociones son causas de las conductas”
“Para hacer algo bien, hay que sentirse bien”
“Debes sentirte bien siempre y evitar el malestar”

 

Las emociones no son causas

 

Las emociones son respuestas ante una situación determinada, no causas. A menudo justificamos nuestras acciones en base a nuestras emociones. Un miedo por ejemplo, puede predisponernos a realizar conductas de huida o evitación. Sin embargo, no es una causa ineludible que nos lleve a actuar de esa manera. Por ejemplo, prácticamente todas las personas sienten miedo al aprender a nadar o ir en bicicleta. El miedo podría predisponernos a desistir y hacer otras cosas, más si es importante por las ventajas que ello le supondrá (incluso, en el ejemplo, podría ser evitar un castigo por parte de adultos), se puede actuar en la dirección que se considere oportuna. Suele ocurrir, como en el ejemplo, que una vez se adquiere mayor destreza en esa área el miedo desaparece. En estos casos podríamos decir que la persona ha sido dueña de sus emociones, y no al contrario.

En el caso de una persona a la que le da vergüenza conocer gente, siguiendo estas ideas que tanto se escuchan y reproducen cotidianamente, puede responder pensando “cuando se me pase la vergüenza saldré a conocer gente”, “si estuviese más contento acudiría a la fiesta”, “para ir y sentirme mal, me quedo en casa”. Así, difícilmente conocerá personas nuevas y ello puede derivar en una vida con escasas amistades o pareja, a lo que se le puede sumar con el tiempo pensamientos y emociones asociadas a porqué no tengo amigos, cómo puede ser que no tenga pareja, qué tengo de malo para que no me quieran, entrando en un círculo vicioso.

 

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Aceptación o estar dispuesto

Todas estas premisas implican que una persona ante una situación emocionalmente difícil entienda que lo coherente es combatir esa emoción que valora como mala, luchar contra ella y los pensamientos que la acompañan hasta que cambie, para entonces, poder seguir avanzando en aquello que nos estaba bloqueando. Sin embargo, por la naturaleza de las emociones y pensamientos no es posible cambiarlos de manera estable a largo plazo bajo nuestra voluntad. La lucha interna por un lado, implica prestar atención constantemente a algo que no se puede cambiar directamente, y por otro impide que la persona preste atención a lo que sí puede cambiar, en el entorno, que recordemos, es quien termina influyendo en las emociones pues estas son reacciones y no causas.

La aceptación de las emociones, como alternativa, implicaría aprender a avanzar con las emociones,  no quedarse atrapado en ellas, sino dejarlas fluir, sean más o menos agradables, manteniendo el foco en la dirección importante, lo cual indirectamente generará condiciones y mejoras vitales donde las emociones probablemente también se vean modificadas.

Nuestro trabajo con emociones va dirigido a ayudar al cliente a entender mejor qué emociones siente, en qué consisten estas emociones, qué limitaciones pueden estar ocasionando y qué hacer con ellas de manera que pueda avanzar en la vida que quiere llevar.