La Terapia de Aceptación y Compromiso nace como consecuencia de una serie de descubrimientos relacionados con el pensamiento, aprendizaje y lenguaje, atendiendo a como las personas establecemos relaciones, y de qué modo ello afecta a nuestro comportamiento. El trabajo terapéutico de ACT se centra en desarrollar junto al cliente nuevas conductas y contextos a la hora de relacionarse con sus eventos internos (pensamientos, recuerdos, emociones…) de modo que pueda avanzar libremente hacia una vida plena y rica, con significado. Se trata de una moneda con dos caras; en el Compromiso se trabaja para identificar aquello realmente valioso para el cliente, y de qué maneras avanzar hacia ello comprometido con la vida que desea llevar; en la Aceptación se trabaja para identificar conductas, eventos internos y síntomas problemáticos que impiden ese avance en una vida plena, para generar cambios y entrenar habilidades que permitan al cliente seguir en el camino vital elegido.

 

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Dado que las metáforas son una herramienta habitual en la Terapia de Aceptación y Compromiso, vamos a utilizar una que ejemplifique lo expuesto.

Pablo es un niño de 9 años, con buenos resultados académicos y una vida social rica entre los compañeros de su clase. Un día sin embargo, se encontraba jugando con sus compañeros de clase cuando unos alumnos de último curso empezaron a reírse de sus zapatos. Él se giró hacia ellos y tras una larga discusión, acabó logrando que se marcharan. El problema es que ahora, cada día los mismos chicos van a visitarle durante el recreo para burlarse de él, a veces incluso traen más gente de último curso para reírse de Pablo, ya sea por un motivo u otro.

Desesperado, Pablo a días se enzarza con ellos en discusiones que pueden durar hasta que termina el recreo, otras veces les suplica que se vayan, pero a más lo suplica más tiempo se quedan, por lo que en ocasiones incluso prefiere no jugar con sus amigos y quedarse en la biblioteca para evitar el mal rato. Incluso cuando no están, Pablo suele estar más pendiente de vigilar si vienen, que de lo que le cuentan sus amigos o el juego en que está participando. La profesora de Pablo comenta que últimamente Pablo parece ausente en clase, lo cual se está reflejando en los últimos exámenes, y le nota sorprendentemente irritable a la hora de relacionarse.

Puede ser, que como Pablo con sus enemigos, lleves meses también en una situación similar, luchando o huyendo de algún tipo de pensamiento, emoción, sensación física o recuerdo desagradable. Quizás miedos a eventos poco probables, pensamientos críticos duros hacia uno mismo, o comparativos con personas que parece que les vaya mejor. Estas comparaciones pueden incluso generar sentimientos de culpa por errores del pasado que podrían haber cambiado nuestra suerte. Lo cierto es que si eres capaz de ver este tipo de pensamientos en tu propia vida se debe simplemente a tu condición humana, y tu mente funciona estupendamente como mente humana, no hay nada roto ni dañado.

Desde la perspectiva de ACT, dado que no podemos evitar que vengan estos chicos – pensamientos desagradables, etc – pues forman parte de la vida, lo importante es aprender a cómo relacionarse con ellos, de modo que nos permita seguir jugando y disfrutando – avanzando hacia lo importante para nosotros – en lugar de estar inmersos en luchas internas, o limitando nuestra vida para evitar esos eventos desagradables. Paradójicamente, el permitirles estar ahí mientras nos centramos en aquello valioso para nosotros, suele hacer que terminen marchándose.

Las respuestas de Pablo ante la situación son coherentes con lo que ha aprendido a lo largo de su vida, si algo nos molesta, hay que tratar de eliminarlo o evitarlo. Eso no es nuevo, dado que desde el los principios de la humanidad, reacciones de lucha o huida son las que han permitido a la especie llegar hasta aquí. Por lo tanto, su conducta de lucha – discutir – o huída – quedarse en la biblioteca – son funcionales a la hora de evitar ese malestar. Sin embargo, esta conducta, que cumple su función, está generando al mismo tiempo una serie de consecuencias a la hora de impedir que Pablo desarrolle lo que considera importante en cada momento, lo cual a largo plazo tiene consecuencias (aislamiento en la biblioteca, tensión por las discusiones, irascibilidad…) más problemáticas que los meros comentarios sobre sus zapatos, y con un mayor impacto en su vida. Dicho de otro modo, el coste vital de la conducta de Pablo es mayor que el que implicaba la situación por sí misma.

Los pensamientos, emociones, sensaciones físicas, recuerdos… Pueden ser como estos chicos de último curso que de vez en cuando nos visitan. Al igual que Pablo, las personas buscamos diferentes estrategias para deshacernos de ellos. Sin embargo dichas estrategias a la hora de gestionar los eventos privados desagradables no suele ser efectiva, además de conllevar un elevado coste de tiempo y energía. Sería como tratar de no pensar en un elefante rosa, incluso al comprobar si lo estamos haciendo bien y no pensamos en él, ya lo tenemos de nuevo presente. ¿Sigue ahí? Resulta difícil no pensar en lo que no queremos pensar. Por lo contrario, si aceptamos su presencia y a partir de ahí los dejamos de lado para seguir haciendo aquello importante para nosotros (Si Pablo les dejara criticándole mientras el sigue jugando con sus amigos…) es altamente probable que terminen aburriéndose y dedicándose a otra cosa. Podrá darse el caso que pasados unos meses, un día por casualidad se crucen con él de nuevo y vuelvan a burlarse, más de nuevo, Pablo podrá elegir qué hacer al respecto. Llegados a este punto, probablemente ya hayas conseguido librarte de la idea del elefante rosa, ¿puede ser?

De nuevo, con eventos internos como pensamientos o emociones, el aceptarlas y dejarlas fluir, mientras nos centramos en lo que nos importa, suele ser más efectivo que la lucha o evitación. Así, que gran parte del trabajo en la Terapia de Aceptación y Compromiso se centrará en desarrollar una flexibilidad psicológica que facilite llevar la vida deseada estén o no esos eventos o síntomas que generan malestar. Por sorprendente que pueda parecer antes de experimentarlo, esta aceptación hará que se reduzcan y pierdan fuerza.