Definimos la personalidad como una organización más o menos estable y duradera del carácter, temperamento, intelecto y físico de una persona, que determina la adaptación única de la misma en el ambiente.

Los rasgos a su vez, representan patrones amplios de tendencias de conducta que dan consistencia y estabilidad a las acciones, las reacciones emocionales y los estilos cognitivos de las personas, conformando su personalidad.

Dentro de los rasgos, podríamos englobar dos tipos de conducta. Por un lado, la conducta expresiva, que se corresponde con lo que entendemos por temperamento, es decir, la predisposición natural de la persona a interrelacionarse con el medio. Por otro lado, esta la conducta adaptativa, que se corresponde con lo que entendemos por carácter; es el resultado de la interacción entre el temperamento y el medio natural y social en el que se ha desarrollado la persona.

Se considera que existe un continuo de normalidad-anormalidad en personalidad. Mientras que las personas sanas muestran flexibilidad en las interacciones con el ambiente, presentando respuestas o comportamientos adecuados a las situaciones vitales que se mantienen con el trascurso del tiempo, los trastornos de la personalidad aparecen cuando las estrategias utilizadas para conseguir objetivos, para relacionarse con los otros y enfrentarse con el estrés, son escasas y se practican con rigidez. En estos casos, las percepciones, necesidades y comportamientos habituales perpetúan e intensifican dificultades preexistentes, notándose más esta carencia de elasticidad en condiciones de presión ambiental.

 

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Características Trastornos de personalidad

Para Millon (1981), los trastornos de personalidad tienen en común tres características:

1) Una gran inflexibilidad que limita las oportunidades de aprender (inflexibilidad

adaptativa).

2) Una frecuente existencia de acciones que fomentan círculos viciosos.

3) Una gran fragilidad emocional ante situaciones de estrés (estabilidad lábil).

Entendemos que los rasgos de personalidad sólo pueden constituir trastornos de la personalidad cuando son inflexibles y desadaptativos, hasta el punto de causar un deterioro funcional significativo o malestar subjetivo.

La característica principal de un trastorno de la personalidad es un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y comportamiento que se aparta  de las expectativas de la cultura del paciente. Su inicio se sitúa en la adolescencia o al principio de la edad adulta, es estable a lo largo del tiempo e implica malestar o perjuicios al paciente.

 

Clasificación trastornos de la personalidad

La clasificación de los diferentes trastornos de la personalidad se realiza en tres clústeres o grupos diagnósticos donde se agrupan los trastornos según la similitud de sus características clínicas:

Clúster A (Sujetos extraños o excéntricos)

  • Trastorno de la personalidad paranoide
  • Trastorno de la personalidad esquizoide
  • Trastorno de la personalidad esquizotípica

Clúster B (Sujetos dramáticos, emotivos o inestables).

  • Trastorno de la personalidad antisocial
  • Trastorno de la personalidad límite
  • Trastorno de la personalidad histriónica
  • Trastorno de la personalidad narcisista

Clúster C (Sujetos ansiosos o temerosos)

  • Trastorno de la personalidad evitativa
  • Trastorno de la personalidad dependiente
  • Trastorno de la personalidad obsessivocompulsiva

 

Estudios en que se aplican las terapias contextuales, y en especial la terapia ACT han demostrado resultados prometedores con pacientes con trastornos de la personalidad severos. Conoce un caso clicando aquí.