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Las rabietas, enfados, o berrinches de los niños, son algo común durante la infancia, tanto que solemos acostumbrarnos, a veces, a ignorar muchos de estos episodios. No obstante, estos pueden descontrolarse y dar lugar a un tipo de trastorno catalogado como de “agresividad infantil”, el cual debemos vigilar y tratar con la mayor anticipación posible.

Por ello, en Activital vamos a mostrarte qué factores caracterizan a este problema, cómo podemos localizarlo y las formas más recomendables para solucionarlo.

¿Qué es la agresividad infantil?

El trastorno por el que se produce la agresividad infantil es un problema de esta etapa en la que se desarrollan ciertas conductas negativas y situaciones agresivas en los niños. Podemos observar casos de infantes controladores, manipuladores, o rebeldes, que no tienen control sobre sus propios actos, por lo que debemos tomar medidas psicológicas para ello.

Los arrebatos de este estilo suelen presentarse a esta edad, pero una vez que comprobemos que existe una incapacidad para dominarlos y estos se prolongan en el tiempo, es fundamental tomar medidas.

En estos casos, podemos comprobar que se presentan características de agresión física mediante puñetazos, patadas, o empujones, o verbal a través de insultos o palabrotas. Sin embargo, también se puede reflejar de forma indirecta mediante la agresión a objetos que han sido el motivo de conflicto.

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Las gesticulaciones en el rostro por frustración, los gritos y ciertos gestos de burla, son otras de las representaciones que pueden avisarnos sobre un posible problema de agresividad en el menor.

Existen muchos condicionantes de la agresividad en un niño, como pueden ser los personales (situación en los hogares), ambientales, aceptación por parte de sus círculos, forma de ser como estudiante y del profesor… etc. Por ello, podemos destacar varios tipos de agresividad según el comportamiento.

Tipos de agresividad

La agresividad infantil, como ya hemos mencionado, viene determinada por varios factores personales y externos que harán que se desarrolle de una forma u otra en el menor. Estas teorías pueden dividirse en activas y reactivas.

  • Agresividad reactiva o impulsiva: Aquellas conductas que se dan como una respuesta refleja a situaciones de presión en el niño y que se vuelven negativas para el mismo. Característica del TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad).
  • Agresividad activa o funcional: Cuando un infante tiene tendencia a la manipulación, es frecuente que la agresividad se presente como forma de conseguir un objetivo o beneficio. No es característica del TDAH.

Factores influyentes en el desarrollo de la agresividad infantil

Las reacciones agresivas suelen ser frecuentes en niños de hasta 6 o 7 años debido al desarrollo de su cerebro y a la regulación de sus emociones; con el tiempo, estas deben moderarse hasta acabar desapareciendo de manera impulsiva e instintiva.

No obstante, a partir de esta etapa, debemos de ser plenamente conscientes de su crecimiento y de proporcionarle la educación necesaria para controlar y acabar con estas conductas. Por ello, ¿cuáles serían los factores condicionantes?

Factor familiar

Dentro del ámbito familiar, podemos encontrar varios elementos que podrían ser detonantes en el desarrollo de una agresividad infantil. Esto es debido a que la primera condición ambiental y social a la que se expone es a la propia familia, por lo que la forma de ser y las enseñanzas de estos son fundamentales para establecer la base de su comportamiento.

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Una educación en la que no se muestra empatía o sentimientos hacia el pequeño, o se usa una versión muy o poco exigente puede ser un gran condicionante para ello, además de la incongruencia de los valores (te prohíbo usar la violencia, pero la demuestro en mis propios comportamientos, en situaciones de poder).

También la relación entre los padres es un motivo por el que nace esta agresividad, ya que el niño se confunde sobre lo que se debe o no hacer. Los castigos excesivos, por otro lado, aumentan su frustración.

Factor sociocultural

A nivel sociocultural, la agresividad infantil suele originarse en las relaciones con el entorno y la cultura en que se desarrolla su personalidad, ya que estos serán los próximos condicionantes después de la educación en la familia.

Por ejemplo, la exposición a agresividad como característica de lucha, poder, y superación, la presentación de excesiva violencia en los medios, y la preferencia por videojuegos que la muestran de manera explícita.

En otro orden de cosas, también cuenta como una de ellas el hecho de que el niño valore en mayor medida sus motivaciones individuales que las sociales, lo que puede detonar en un amplio trastorno antisocial.

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Factor personal

No obstante, no todo reside únicamente en el entorno en el que se mueve el pequeño, sino que también sus propios condicionantes van a tener un papel fundamental a la hora de desarrollar agresividad infantil o no.

Los factores hormonales o posibles problemas respecto a lesiones cerebrales o disfunciones, producen la agitación de diversas emociones como la rabia, excitación, miedo y la propia violencia.

También una mala nutrición puede determinar estos comportamientos, debido a la posibilidad de producirse estrés o problemas más graves de salud.

Por otro lado, encontramos el déficit o la dificultad en el desarrollo de habilidades sociales o educacionales. Tener problemas para relacionarse con el resto de personas de su entorno, o la incapacidad de seguir el ritmo a otros compañeros de clase, recae en el estrés y frustración del niño, por lo que aumentará el riesgo de padecerla.

Tratamiento y posibles soluciones

Si estás interesado en la forma de solucionar, de forma lenta pero continua, el problema de la agresividad infantil, es importante que sepas que todas las formas adjuntas para ello son pequeños pasos para minimizarla, pero siempre es recomendable la ayuda de un profesional especializado.

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No obstante, aquí exponemos unas cuantas de ellas:

Debilitar la conducta agresiva

Para conseguir que la agresividad infantil se minimice, debemos debilitarla mediante ciertos pasos específicos. Por ejemplo, alejarlo de aquellos ambientes hostiles o reducir los estímulos que provocan esta conducta.

Para llevar a cabo esto, debemos hacer un análisis mediante observación del pequeño con el fin de descubrir qué es exactamente lo que provoca que este reaccione de esa manera y cuáles han sido los factores originarios de ello.

Si, por ejemplo, este tiene acceso al uso de videojuegos violentos, reducir en gran medida su uso o eliminarlos de su rutina.

Reforzar respuestas alternativas

Basándonos en la investigación que hemos realizado de la educación y conductas del niño, también podremos saber qué formas de conducta malas han tomado de nuestra educación, cuáles han sido permitidas.

Si, por ejemplo, hemos “reído sus gracias” cuando ha llevado a cabo una conducta que no es correcta, habrá sido reforzada con el tiempo. Para lograrlo a la inversa, siempre que vuelva a mostrar estos comportamientos, debemos ignorarlos y valorar otras alternativas, como la negociación, el diálogo, el razonamiento, etc.

De esta manera, recompensando juegos cooperativos o acciones empáticas, él entenderá que estas son las que debe imitar.

Hacer que el niño se comprometa

Se trata de un ejercicio que solo es aplicable en ciertos casos, en niños con más de 9 años de edad. Este tiene como objetivo hacer partícipe al mismo de la conducta que se está intentando cambiar para que coopere en la mejora de su comportamiento.

Acudir a un psicólogo infantil

La primera opción a la que acudir, ya que se trata de un especialista que te dará esta serie de consejos y muchos más, es la de acudir a un psicólogo infantil para resolver este tipo de problemas de agresividad infantil. No se trata de algo malo para el niño, como muchos piensan, sino de una ayuda profesional que facilitará mucho más el proceso.

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