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Cada vez está más extendida una corriente pseudocientífica que promueve una estrategia para sentirse mejor con uno mismo basada en las afirmaciones positivas. Se trata de decirse a uno mismo frases que refuerzan nuestra persona, nos definen de manera positiva, ensalzan nuestra valía, y nuestra capacidad para lograr lo que queramos, con la idea de así sentirse mejor, y con la parte “interna” de uno mismo preparada, dando luz verde, para hacer las cosas para las que ahora no nos sentimos preparados. 

El boom de las afirmaciones positivas

El boom de las afirmaciones positivas y la filosofía que lo acompaña es fácil de comprobar. Bestsellers de autoayuda en los estantes principales de las librerías para pensar “mejor”, libros de gurús de la felicidad en las gasolineras, vídeos en youtube, imágenes con afirmaciones positivas en fotos de Instagram, Facebook… Claramente, han tenido un éxito indiscutible.

Uno de los principales argumentos a favor de este tipo de contenidos se basa en que las personas de éxito piensan así, se dicen a sí mismas estas cosas, por lo tanto, simplemente con decirte suficientes veces al día esas cosas, el éxito será cuestión de tiempo. Y ciertamente existen estudios en los que correlacionan pensamientos positivos sobre uno mismo con el éxito en la vida. Pero, tal vez la interpretación de los resultados no sea la más rigurosa y se expliquen consecuencias como causas.

A pesar de todo, estamos en una cultura de la búsqueda de la autoestima. Dado que se considera la fuente de gran parte de nuestros problemas, la puerta del éxito y la felicidad, ¿Qué puede haber más importante? 

La investigación en psicología nos muestra que el contexto en el que nos encontramos y lo que hacemos en él es el principal influyente en nuestros pensamientos. El contexto actual, e histórico. Veamos algunos ejemplos cotidianos:

  • Probablemente recuerdes cuando de pequeño (o no tan pequeño…) veías una película de miedo, esa noche y los siguientes días podías pensar cosas relacionadas con esa película, si el malo estaría al final del pasillo oscuro, o escondido detrás de la puerta de tu habitación. Contexto, pensamientos.
  • Cuando estabas de exámenes, probablemente vendrían muchos pensamientos acordes a los exámenes. Al conocer a alguien y enamorarte de esa persona, pensamientos acordes a esa persona.
  • Si de pequeño te gustaba mucho un grupo de música, oír sus canciones a día de hoy, debido a tu historia, traiga también pensamientos de esa época. De nuevo, contexto actual e histórico, pensamientos.

Y en la misma línea, si una persona tiene una vida exitosa, una familia adorable, la pareja de sus sueños, un trabajo en el que se desenvuelve perfectamente y le proporciona retos apasionantes… Lo probable será que en esa vida, en ese contexto en qué hace las cosas que hace, tenga también pensamientos acordes. Pero no son los pensamientos sobre el asesino de aquella película, los que hicieron verte esa película, ni por pensar en exámenes, tendrás exámenes, ni por pensar afirmaciones positivas de que las cosas van genial, las cosas irán genial.

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El problema de las afirmaciones positivas

De hecho, existen un buen número de estudios de investigación que demuestran que la estrategia de decirse afirmaciones positivas a uno mismo cuando se siente mal, suele ser contraproducente y dañina para uno mismo, dando lugar a peor valoración de uno mismo y menor interés por implicarse en acciones que supongan avanzar en la vida que le gustaría.

Los estudios concluyen que el hecho de decirse a uno mismo cosas frente el espejo para aumentar la autoestima, no es un sistema de ayuda válido ni para sentirte mejor, ni para facilitar que hagas cosas que te puedan generar satisfacción personal a la larga. Si bien esta información tiene una parte mala, de que no se solucionarán nuestros problemas por dedicar un tiempo cada mañana diciéndonos cosas en el espejo, tiene una parte buena, o igual mejor, y es que no hace falta pensar o sentir que se puede, para poder. La cuestión no es qué piensas o sientes sobre ti mismo, ti misma, sino, ¿Qué haces con esos pensamientos desagradables? ¿Te acercan a lo que quieres, o te alejan?

El mito de la autoestima

Para comprender mejor la razón de las afirmaciones positivas hace falta ver el contexto en que se dan, en el que algunos llaman el mito de la autoestima. Cuando hablamos de autoestima nos referimos a aquellas ideas, pensamientos y emociones que tenemos de nosotros mismos y de lo que somos. Cuando los pensamientos y valoraciones sobre nosotros son positivos decimos que tenemos la autoestima alta y cuando son negativos o de inseguridad nos catalogamos como personas de baja autoestima.

Está extendido en nuestra cultura que muchos de nuestros problemas se relacionan con una baja autoestima, por ejemplo el maltrato, las adicciones, la depresión y la ansiedad, o fracasos personales de diferente tipo. De algún modo, el concepto autoestima sirve de cajón de sastre para dar explicación a buena parte de las cosas que suceden en nuestra vida. “No habla con la persona que le gusta porque tiene baja autoestima, piensa que le rechazará”, “Le cuesta hablar en público por su baja autoestima”, “su baja autoestima le hace pensar que suspenderá, y por eso no se esfuerza”.

¿Tener buenos pensamientos sobre mí me ayuda a conseguir lo que me propongo?

Hemos aprendido por lo establecido socialmente que muchas de nuestras dificultades y problemas están basados en nuestra baja autoestima pero, ¿Es eso cierto? Si bien podemos afirmar que una alta autoestima se relaciona con conductas buenas para nosotros (lanzarnos a experiencias nuevas, hacer deporte, cuidar de nuestras relaciones…), también hemos podido ver en investigaciones que una autoestima elevada está relacionadas con otras muchas que no son tan “buenas” como el narcisismo, la agresividad y conductas de bullying.

A pesar de todo, estamos en una cultura de la búsqueda de la autoestima. Dado que se considera la fuente de gran parte de nuestros problemas, la puerta del éxito y la felicidad, ¿Qué puede haber más importante? Como decíamos anteriormente, basta con darnos una vuelta por una librería que encontraremos infinidad de libros de autoayuda relacionados con mejorar nuestra autoestima y, a partir de ello, conseguir las mejoras en nuestra vida.

La realidad es que tener pensamientos negativos sobre nuestras capacidades puede influir en las conductas que hacemos y, por tanto, tener relación con no llevar la vida que queremos y deprimirnos o sentirnos fracasados. Las valoraciones que hacemos de nosotros vienen dadas por nuestros comportamientos, es decir, una persona que bebe puede que tenga pensamientos negativos sobre sí misma pero… ¿Bebe por estos pensamientos negativos sobre si mismo o los tiene porque bebe y, con ello, se aleja de la persona que le gustaría ser dando lugar a esas valoraciones negativas?¿Qué fue antes: el huevo o la gallina? Beber puede ser resultado de pensamientos y valoraciones negativas, pero el beber suele tener consecuencias en la vida, en el rendimiento laboral, por ejemplo, lo que podría generar pensamientos de “baja autoestima”.

Independizarse de la autoestima, enfocarse en lo satisfactorio

Si necesariamente sentirse bien o mal con nosotros mismos no lidera las cosas buenas y malas en nuestra vida… ¿Qué es la autoestima? Bien, la autoestima es un conjunto de pensamientos sobre nosotros mismos basados en nuestros comportamientos y desempeño en el mundo. Al ser simplemente pensamientos no definen directamente lo que podemos hacer, son un acompañante en el camino. Tenemos pensamientos constantemente, forma parte de nuestra mente hiperactiva.

Las personas tenemos la capacidad de hacer cosas y tomar actitudes más allá de lo que ocurre en nuestra cabeza en ese momento. Un ejemplo que nos ocurre a diario es el momento de madrugar. Toda nuestra mente y nuestro cuerpo nos mandan señales de no hacerlo y, normalmente, no tendemos a hacerle caso y nos levantamos. Podemos aprender a escuchar nuestra mente y sus demandas y no satisfacerlas si consideramos que no nos acerca a la vida que queremos llevar.

En el caso de la autoestima pasaría lo mismo. Las personas que menos caso hacen a su mente y menos la obedecen cuando se “pone negativa”, son las que tienen las vidas más valiosas y, muy probablemente, se consigue a la larga tener mejores juicios de nosotros mismos y desarrollar lo que llamamos una buena autoestima, no como causa, sino como consecuencia de una vida rica y plena.

Este proceso podemos observarlo en los momentos que hacemos algo por primera vez, por ejemplo, montar en bicicleta. Seguramente el primer contacto con la bici estaría lleno de pensamientos de miedo y de dificultad “no sé si seré capaz” “seguro que me caeré y me haré daño”. Aprender a montar en bici supone empezar con esos pensamientos y esas dudas para, poco a poco, según practicamos ir cogiendo confianza y dando lugar a que esos pensamientos pierdan fuerza y desaparezcan. Una persona con un buen autoconcepto de su habilidad para montar en bici lo ha conseguido a base de no hacer caso a su mente y sus miedos construyendo así, a la larga, una buena autoimagen de sí mismo como ciclista.

Esto puede aplicarse a cualquier situación precedida por pensamientos de “baja autoestima”, si no les dejamos tomar las riendas tenderán a perder fuerza y, poco a poco, con las experiencias, nuestro autoconcepto y autoestima mejorarán al vernos a nosotros mismos llevando la vida que deseamos y elegimos.

¿Afirmaciones positivas, a quien obedecen?

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Si le preguntásemos al amigo de la imagen por qué está haciendo eso, por qué se dice esas cosas al espejo… La respuesta sería “pienso que no seré capaz”. Y es obedeciendo a ese pensamiento, dándole el control de lo que hacemos, que nos decimos esas afirmaciones positivas. Pero estamos funcionando acorde a esos pensamientos que justo desearíamos eliminar, les damos más protagonismo.

Llevar una vida satisfactoria, en conclusión, no sería tanto por tener buenos pensamientos y emociones sobre lo que va a pasar y nuestras capacidades si no ser capaces de elegir lo que queremos, cuando queramos, más allá de lo que ocurra dentro de nuestra cabeza. Es obvio que ir acompañados de pensamientos sobre lo bien que lo haremos y lo buenos que somos es ideal y agradable para hacer la tarea pero no es obligatorio que sea así para tomar decisiones y actitudes. Invertir el tiempo en decirse afirmaciones positivas no resulta una técnica útil para sentirse mejor, ni para hacer esas cosas que desearíamos. Es más, es tiempo que invertimos ahí y que tal vez, podría ser más enriquecedor y satisfactorio invertir en otra cosa más valiosa para nosotros, que genere satisfacción a medio y largo plazo.

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