autoestima en niños

Potenciar la autoestima en niños y niñas es una buena manera de facilitar el camino para un desarrollo psicológico y social óptimo en etapas futuras.

Como si se tratase de construir un edificio, en los primeros años se asienta la base, sobre la que luego se van a ir levantando nuevos pisos. A más estable y segura sea la base, es decir, la psicología del niño más seguro será el edificio.

La autoestima en niños como comportamiento

En el saber popular, la autoestima se entiende como algo que se tiene más o menos, autoestima alta o baja, como si fuera algo que tenemos dentro.

Sin embargo, la evidencia muestra que no existe nada dentro nuestro llamado autoestima. Realmente hablamos de ella en base a cosas que hacemos o dejamos de hacer.

  • Saludar a los demás niños
  • Atreverse a hacer las cosas
  • Pedir lo que necesito

Los anteriores son ejemplos de comportamiento, que si viéramos a alguien hacerlos, podríamos inclinarnos más hacia que es un niño con buena autoestima. En caso de que no se dieran estos comportamientos, podríamos decir que tiene baja autoestima.

Sin embargo, que popularmente hablemos de “autoestima” no implica que exista como tal; no hay algo llamado autoestima que podamos cambiar. Lo que sí se puede cambiar, y resulta mucho más práctico, es cambiar los comportamientos del niño.

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Estamos cambiando el foco hacia donde sí podemos contribuir realmente: de autoestima como “entidad interna”, a la autoestima en niños como conjunto de comportamientos que se pueden aprender.

Desarrollar la autoestima en niños pequeños

Si lo que queremos es mejorar la autoestima en niños, tenemos que ir al origen de cómo se construye: Relacionándonos. Existen varias maneras con las que padres y educadores pueden sumar a su seguridad e imagen:

Vínculo con los padres y autoestima

La Teoría del Apego indica que unos padres cercanos que atiendan las llamadas de protección y seguridad del pequeño, favorece la autoestima del niño.

Así, una frecuencia alta de interacciones con el niño, con muestras de afecto y cariño, favorecerá que el niño aprenda contenidos como: “merezco ser tratado bien”, “soy digno de amor”.

Refuerzo positivo y autoestima en niños

Es deseable y tiene que ver con la autoestima en niños, que se aprenda a actuar en base a lo que quiero y no en base a huir de lo que no.

Cuando utilizamos el castigo, estamos enseñando a hacer las cosas por evitar X. Un giro en este camino, sería hacer las cosas para lograr X. Pasar por ejemplo del:

No te has lavado los dientes, estás castigado sin vídeo (castigamos el no lavarlos)

hacia…

Cuando te laves los dientes, podrás ver el vídeo (premiamos el lavarlos)

No juzgar el niño, sino el comportamiento

De alguien que hace ciertos comportamientos, concluimos que tiene buena o mala autoestima. Igualmente, podemos concluir con ciertos comportamientos, que un niño es vago, torpe, malo…

Establecer etiquetas puede resultar limitante y no acerca al objetivo, que consiste en que la persona haga los comportamientos deseables. Es preferible juzgar los hechos y no al niño, puesto que el mismo niño puede hacer hechos nuevos.

Evitar comparaciones con otros

Especialmente cuando hay hermanos, puede ser que los padres traten de motivar a un niño utilizando comparaciones. Tal vez en el momento funcione, pero puede generar tendencias de compararse con los demás y preocuparse por ser juzgado negativamente.

Respetar los deseos y necesidades del niño

Si parte de lo que se considera un niño con buena autoestima, está el que sepa hacerse respetar, decir lo que siente, opinar, participar… Debemos promoverlo en nuestras interacciones con él.

Si tomamos en serio lo que quiere, su opinión… Irá aprendiendo que merece ser tenido en cuenta, y que sus esfuerzos por mostrarse son apreciados y recompensados.

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Promover autoconfianza en niños

Si queremos que el niño crezca confiando en que puede hacer las cosas, atreviéndose a descubrir, curiosear… Una vez más: debemos promover este tipo de comportamientos desde el principio el cual es fundamental para la autoestima en niños.

En ocasiones, los intentos de sobreprotección del niño para que no le pase nada malo pueden resultar contraproducentes dando lugar a conclusiones: “No soy confiable”, “no puedo hacerlo solo”.

Cómo abordar problemas de autoestima en niños

Inevitablemente, la vida traerá al niño momentos que puedan generar pensamientos de duda sobre sí mismo:

  1. Mis amigos se han enfadado conmigo
  2. Soy diferente a los demás en algo
  3. No he conseguido esto que quería

(…) Son ejemplos de situaciones que cualquier niño se va a encontrar, y ante las cuáles, la mente siempre trata de sacar conclusiones. En ocasiones apunta hacia afuera (me tienen manía, no es justo…) y otras hacia dentro (no soy listo, soy feo, no puedo…)

En un artículo anterior, hablamos sobre qué hacer con lo que comúnmente puede llamarse pensamientos de baja autoestima. Igual que sucede con el popular “no pienses en un elefante rosa”, en lo psicológico: A menos queremos algo, más está. A más quieras dormirte ya, menos probable. ¿No es así?

actividades de autoestima para niños

Al ver señales de lo que estamos llamando aquí baja autoestima como pensamientos, es probable que los padres puedan alarmarse. Es importante aquí tener en cuenta dos aspectos:

Pensamientos como pensamientos

Imaginemos un niño que está haciendo los deberes y le viene el pensamiento “no puedes hacerlo”. Realmente, el pensamiento en sí no es ningún problema. Si el niño, obedece al pensamiento y se rinde, ese comportamiento de rendirse sí lo puede ser. Si el niño, al ver ese pensamiento se gira de nuevo hacia los deberes y avanza, no lo será.

De este modo, ayudar a los niños a que aprendan a funcionar con pensamientos y emociones de todo tipo: Aprender a hacer lo importante aun estando aburridos, tristes, o contentos. Probablemente, verse así, fuertes mentalmente, paradójicamente haga que cambien su autoconcepto.

Responder a la “baja autoestima en niños”

Escuchar a un niño valorarse negativamente puede preocupar a los padres, haciendo que estos se vuelquen en él. Esta estrategia puede ser contraproducente; cualquier conducta del niño, si recibe atención, aumenta. Si al decirme “feo”, mis padres se vuelcan en mí, la probabilidad de que siga diciéndolo crecerá.

Tomarlo simplemente como un pensamiento, cosas que nos dice la cabeza, “¡a papá y mamá también nos pasa!”, probablemente reduzca la frecuencia de estos comentarios, y oriente al niño hacia no hacer caso de esos pensamientos.

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