Terrores nocturnos en niños: ¿Cómo tratarlos?

terrores nocturnos en niños
Tiempo de lectura: 4 minutos

Los terrores nocturnos en niños son un fenómeno muy curioso que requiere prestarle la suficiente atención para saber lo que es y lo que no es y, en especial, para saber cómo tratarlo y prevenirlo.

Probablemente son las parasomnias (alteraciones de la conducta durante el sueño) más angustiosas y violentas de todas. Las más frecuentes en la infancia son las pesadillas, los terrores nocturnos y el sonambulismo. En los terrores nocturnos se puede observar al niño con los ojos abiertos, gritando e incluso agresivo, todo esto mientras duerme. Es probable que el padre pueda llevarse un manotazo o patada si se acerca a él durante este estado.

El terror nocturno aparece con mayor frecuencia en los niños, aunque no es exclusivo de ellos, hay adultos que también lo padecen. La prevalencia en niños oscila entre 1-6% y menos del 1% en los adultos.

Características de los terrores nocturnos

Se manifiestan a través de miedo intenso, gritos y/o agitación mientras el niño está durmiendo en la fase del sueño profundo NO REM, concretamente en las fases 3 y 4, debido a una sobreexcitación del Sistema Nervioso durante el sueño. Suele ir acompañado de un despertar brusco en el que el niño se despierta confuso y asustado, gritando o llorando. Esto normalmente ocurre durante el primer tercio de la noche.

También aparecen síntomas autonómicos en los terrores nocturnos, tales como hiperventilación, taquicardia, sudoración y midriasis (contracción del músculo dilatador del iris). En ocasiones puede llegar a lesionarse mientras duerme, aunque no sucede siempre.

  Cómo enseñar a los niños a compartir

evitar terrores nocturnos

El terror nocturno suele ser breve, de uno a diez minutos. Sin embargo, los padres tienen la sensación de que dura más tiempo debido a la angustia que pasan al ver a sus hijos en este estado. Al despertar no se acuerdan de lo sucedido y finaliza espontáneamente con el niño volviéndose a dormir.

Las pesadillas, a diferencia de los terrores nocturnos, se ubican en la fase REM, y por eso, quizás al despertar podamos recordar parte de ellas. Lo curioso del terror nocturno es que ocurre en la fase de sueño profundo NO REM, y no se recuerda nada. Además, el niño, profundamente dormido, comienza a pegar gritos de manera agitada sumamente aterrado y cuesta mucho despertarle, aunque se acabe despertando en ocasiones como se ha mencionado.

¿Cuáles pueden ser los desencadenantes de los terrores nocturnos en niños?

La historia familiar suele ser un antecedente importante de estos episodios. Algunos estudios indican que el 96% de aquellas personas con terrores nocturnos podrían tener uno o más familiares afectados de sonambulismo y/o terrores nocturnos. Por lo que puede haber una predisposición genética, que se acentúa cuando tienen algún desencadenante.

Los desencadenantes de los terrores nocturnos suelen ser la privación del sueño, enfermedades infecciosas o fiebre, fatiga, estrés, ansiedad o fármacos (antidepresivos tricíclicos y neurolépticos). Estos desencadenantes afectan incrementando la frecuencia y complejidad de los episodios. Como curiosidad, también se han observado casos de sonambulismo y terrores nocturnos que aparecen únicamente durante el período premenstrual.

Los terrores nocturnos (y el sonambulismo) suelen ser fenómenos benignos y autolimitados que tienden a desaparecer con el tiempo, por lo que no hay por qué alarmarse.

  ¿Qué nos pasa en Navidad? 10 consejos psicológicos para las fechas navideñas

Cómo tratar los terrores nocturnos

Si eres padre o madre y ves que alguno de tus hijos padece de terrores nocturnos, es normal que te preguntes, ¿qué debo hacer? ¿cómo debo tratar los terrores nocturnos de mi hijo?

Lo principal y fundamental para tratar los terrores nocturnos es saber prevenirlos. Para esto pueden ser útil las siguiente pautas:

  1. La mejora de la higiene del sueño, de modo que el niño duerma las horas suficientes al día, no se supriman las siestas en el caso de que lo hagan habitualmente, y que se mantenga un horario regular de sueño.
  2. Es recomendable que los padres del niño afectado sepan la naturaleza generalmente benigna y autolimitada de los episodios de terrores nocturnos. Esto normalizará bastante la situación, aunque no ha de pasarse por alto.
  3. Se aconseja a los padres que tomen las medidas de seguridad oportunas para evitar lesiones, como por ejemplo, preparar la cama para que sea segura (barrera de seguridad, cojines, almohadas…)
  4. Permanecer a su lado en silencio cuando se detecte el terror nocturno, garantizando su seguridad en el caso de intentar lesionarse o de lesionar a quien esté a su alrededor. Es importante no interactuar con él o interactuar lo menos posible, esperando, de esta manera, pacientemente, a que pase el terror nocturno .
  5. Es importante evitar discutir sobre el terror nocturno al día siguiente, ya que podemos preocupar al niño y provocar que se resista a acostarse, por lo que no es conveniente y puede potenciar el episodio.
  6. Los padres deben reaccionar con normalidad porque, de lo contrario, la angustia y preocupación de ellos puede generar aún más nerviosismo en los niños, lo que hace que el cuadro se extienda.
  7. Hay que evitar que el niño llegue muy cansado a la hora de dormir. En menores de cuatro años podemos guiarnos por las “ventanas de sueño” y en los más mayores estar atentos a las señales de sueño tempranas.
  8. Es importante reducir el estrés cotidiano, crear rutinas de sueño y cumplirlas y prestar atención al exceso de pantallas y videojuegos. En general, evitar actividades que puedan alterarlos emocionalmente, sobre todo durante la tarde-noche.
  Cómo superar el duelo

causas terrores nocturnos

No te alarmes demasiado

Los terrores nocturnos son comunes en niños en edad escolar, por lo que no hay que alarmarse y, generalmente, no es necesario ningún tipo de tratamiento, ya que, como se ha comentado, suelen desaparecer conforme el niño va creciendo.

Sin embargo, si los episodios son habituales, suben de intensidad, provocan que el niño esté cansado o somnoliento durante el día o no han desaparecido al llegar a la adolescencia, es recomendable acudir a un profesional para que vea el caso de manera individualizada.

Joan Rullan Pou

Psicólogo experto en Terapias Contextuales. Apasionado del desarrollo científico en Psicología. Si te sientes identificado con nuestros artículos, no dudes en contactarnos.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *