superar la agorafobia
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Superar la agorafobia es todo un desafío para las personas que se encuentran ante este tipo de problema psicológico, ya que es una de esas cosas en las que los pasos a dar son fáciles de decir, difíciles de hacer.

En el artículo de hoy planteamos  5 consejos para superar la agorafobia que faciliten este proceso y te ayuden a recuperar la libertad y vitalidad perdida por este problema de ansiedad.

¿Qué es la agorafobia?

Entendemos por ​agorafobia un​ trastorno de ​ansiedad ante la posibilidad de salir a la calle, coger transportes, ir al cine, u otras situaciones específicas.

Suele tratarse de sensaciones físicas de pánico como la taquicardia, que resultan desagradables para el individuo. Normalmente aparece porque ya se ha vivido un episodio con anterioridad y se teme el volver a vivirlo.

​Este miedo excesivo que llamamos agorafobia, es debido a la asociación de ​estímulos por haber vivido sensaciones desagradables en ​determinadas situaciones.

Por ejemplo: Miedo a salir a la calle y pasear por el barrio porque he sufrido un atraco en la plaza principal. Esto, nos hace  predecir que se producirá una ​emoción desagradable, incitándonos a evitar todo tipo de situaciones en las que sintamos que podemos volver a vivir ​algo parecido.

Al hacerlo, de algún modo “alimentamos el miedo”  y el miedo excesivo puede generalizarse a todo el barrio o incluso a salir a la calle.

miedo a salir a la calle agorafobia

¿Cómo superar la agorafobia?

¿Qué puedo hacer para superar la agorafobia? Una forma de no sentir miedo o no pasarlo mal es quedarnos en casa, donde estemos tranquilos y nada nos pueda afectar.

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Entonces, deberíamos preguntarnos: ¿Es así como quiero vivir el resto de mi vida? ¿En casa, sin que nada me altere, sin trabajar, sin ver a mi familia, sin ocio, amigos…? ​

Si la respuesta es No, vamos a ver qué alternativas hay:

Explorar la paradoja del control

Podemos explorar y experimentar que, paradójicamente, cuando queremos controlar no pensar de una manera, no sentirnos de ​alguna forma física o afectivamente, precisamente lo que conseguimos es pensar y sentir eso porque focalizamos ahí nuestra atención.

Veamos un ejemplo: Te pido a ti lector/a, ahora mismo, que hagas el ejercicio conmigo, y que, en ningún momento, bajo ningún concepto, pienses en un oso blanco. Mantén el control de no pensar en un oso blanco, ni siquiera en la imagen de un oso de otro color o cualquier palabra relacionada como bosque u objetos blancos.

Habrás podido experimentar que cuanto más intentas no pensar en el oso, ese mismo acto es estar pensando en el oso. ¿Qué pasa entonces cuando queremos controlar las sensaciones físicas​ como la sudoración, la taquicardia, los temblores…​? Al igual que con el oso, estas sensaciones no sólo no desaparecerán sino que incluso es probable que estén más presentes.

Lo que hemos experimentado nos da la pista de que cuando intentamos controlar el efecto es paradójico, y nos terminamos encontrando peor.

Observar mis sensaciones físicas, pensamientos y emociones.

El permitirnos observar nuestras sensaciones nos puede dar pistas, el dolor o las sensaciones desagradables suelen darnos claves sobre lo que es importante para nosotros.

Decimos que en el dolor hay una llave dorada que puede abrir la puerta a lo que es importante para nosotros en nuestra vida; en cada caso, ​pudiera ser: estar con mis seres queridos, compartir momentos de calidad, acompañar, vivir experiencias nuevas, aprender…

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Si tengo asociado que para estar bien con mi familia debo encontrarme bien, no quiero que me vean mal, no quiero perturbar a los demás porque eso sería incompatible con compartir un momento de valor, si debo mantener una imagen adecuada para poder estar con los demás, si debo hacer siempre las cosas bien, de la manera que se espera, ​no puedo​ entonces compartir mis emociones más auténticas y no puedo solicitar ayuda si la necesito.

¿Y si fuera posible poder dirigirnos hacia lo que nos importa aun encontrándonos mal?, ¿sería compatible?, ¿y si no hubiera nada que necesitara ser quitado de nosotros para poder avanzar?

Un pasito más allá, ¿qué es lo importante para mí?

Hemos estado centrados en el dolor, las sensaciones desagradables, en intentar resolver primero cómo nos sentimos y cómo nos encontramos para después seguir con nuestra vida.  Y es lógico, socialmente y culturalmente hemos aprendido que se debe estar bien para luego poder seguir con nuestra vida, a ocultar nuestro malestar.

Si tomamos esto como cierto, los intentos de control y poner todas nuestras energías en luchar y no estar mal sería lo más lógico para poder llegar a lo que es importante para nosotros, para tener una vida con sentido.

¿Y si no hubiera que quitar nada? Si centramos nuestra atención en aquello que es importante, llevamos el pensamiento a nuestros seres queridos, a aprender, conocer, amar, estar en la vida en el camino que nosotros elijamos aquí y ahora, en vez de responder al yugo de estar bien afectiva o físicamente para después poder vivir.

Pedir Ayuda

A lo mejor llevamos tanto tiempo centrados en que desaparezcan estas sensaciones desagradables, luchando para vencer la agorafobia, para no sufrir, que perdemos de vista gran parte de nuestra vida.

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Se ha vuelto todo de color gris; el trabajo, mis amigos, mi pareja… No me hacen sentir como me sentía antes, me siento desmotivado/a, no veo el sentido en las cosas que hago o que podría hacer.

P​uedes solicitar ayuda a un amigo, familiar o pareja y observar si esta ayuda te puede servir de bastón para poco a poco empezar a caminar solo, volviendo al camino​ o caminos que tú elijas.

curar la agorafobia

Llegados aquí, ¿Puede ayudar un psicólogo a superar la agorafobia?

El psicólogo responde de forma diferente, es un apoyo que, gracias a su formación, pone todos sus recursos en construir de forma conjunta herramientas que te sirvan para ver y decidir cuáles son las acciones que pueden acercarte a tus objetivos, a la vida que te gustaría vivir.

​En el caso de la agorafobia, posee herramientas muy útiles para acercarse poco a poco a los miedos, de forma no traumática, asociando las situaciones que los provocan a la relajación, y no evitarlos, ​que, como hemos visto, resultaría contraproducente.

Acercarte

Por último, acercarnos a lo temido, dar un pequeño pasito y comprometernos a tomar una postura activa con aquello que es importante para nosotros.

​Por ejemplo:

  • Dar un paseo
  • Acercarme a ver a mi familia
  • Acercarme a mi trabajo
  • Apuntarme a alguna actividad que hacía tiempo que quería hacer

Son algunas opciones, ​y si necesito ese “bastón” que hemos comentado que podemos necesitar en un momento determinado, la terapia con un psicólogo experto en ansiedad me puede ayudar a conseguirlo.

Activital somos un equipo de psicólogos ubicados en Madrid. Puedes consultarnos más información sobre la agorafobia o pedir cita a través de info@activital.es o llamándonos al 611.02.79.72

Joan Rullan Pou

Psicólogo experto en Terapias Contextuales. Apasionado del desarrollo científico en Psicología. Si te sientes identificado con nuestros artículos, no dudes en contactarnos.

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