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A lo largo de nuestras vidas, los seres humanos experimentamos dolor. Por muy pequeño que sea, sea del tipo físico o malestar emocional, el dolor es innegociable; no entiende de razas, género, cultura ni estatus. Pero, ¿todos los seres humanos lo experimentan de la misma manera? ¿Hay alguna manera de evitarlo? ¿O de hacerlo más llevadero?  Esta claro que el dolor esta relacionado con el trauma pero… ¿Cómo es que delante de un mismo suceso doloroso, algunas personas lo experimentan como un trauma y otras no?

El dolor

Lamentablemente, amigos Activitólogos, desde ya os comunicamos que el dolor, ciertamente es inevitable. La vida nos tiene a todos reservada, como mínimo, una pequeña cantidad de dolor. Y es más; los seres humanos no tenemos control sobre el dolor que experimentamos en nuestras vidas. Es simple y llanamente una parte de la vida de cada uno que nadie puede evitar.

dolor, pena, aflicción, psicología, coaching, activital, psicólogos Entonces; ¿Es esto un problema? Reflexionemos; ¿que tiene de malo el dolor? La respuesta, supongo que para la mayoría, es bastante obvia: el dolor incomoda. Es una señal de que algo va mal, de que alguna parte de nuestro preciado cuerpo esta sufriendo, o de que algo muy importante para nosotros ya no esta. Según la RAE, el dolor es una “Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior” o bien, un “Sentimiento de pena y congoja”. Como vemos, hay muchos tipos de dolor, pero todos tienen algo en común: el dolor es algo momentáneo, transitorio.

El trauma

El trauma, en cambio, no lo es. Desde la perspectiva ACT, se considera al trauma como una suma de dolor experimentado, más una respuesta destructiva a dicho dolor. De hecho, el trauma se origina en la negativa a experimentar dolor. La paradoja se da en que, cuando una persona esta intentando defenderse de su dolor, de hecho lo que esta haciendo, es hacerse mucho más daño y prolongando los efectos de dicho dolor en el tiempo, haciendo que sus efectos sean mucho mayores y extendidos que los que se experimentaban originariamente.

Pongamos el ejemplo de un desencuentro amoroso; no sé si alguna vez habrás sido rechazad@, pero si lo has ruptura, dolor, pena, rechazo, psicología, activital, coaching, psicólogosexperimentado, sabrás cuan terrible parecía aquel dolor en ese momento. El rechazo a experimentar ese dolor, en algunos casos, puede llegar a ocasionar cicatrices de por vida, generando un patrón que se caracteriza por la desconfianza en otras personas, la evitación constante de ocasiones para establecer una verdadera intimidad con otros y una gran inseguridad en uno mismo. Dicho patrón acaba provocando que el dolor original se perpetúe en el tiempo, debido a una negativa continuada a entrar en situaciones que pueden terminar siendo dolorosas, como por ejemplo, relaciones significativas con otras personas, y desembocando en distintos problemas personales y relacionales.

Como vemos, el dolor per se, no tiene porqué ser negativo. De hecho, es un indicador muy valioso sobre cómo me encuentro y qué es lo que me importa. El trauma, en cambio, si que lo es. Se gesta en la negación del dolor y nos acompaña, poniendo trabas en nuestro día a día y confundiéndonos sobre lo que realmente es importante en nuestras vidas.

Al final, una buena manera de gestionar el dolor es hacerle hueco, echarse directamente encima de él, con una aceptación radical, aunque todas las señales, todo nuestro cuerpo nos indique lo contrario. Pues no tenemos control sobre el dolor que existe en nuestra vida; es una parte de la existencia de cada uno que nadie puede evitar. Sobre lo que sí tenemos control es en permitir o no que dicho dolor, se convierta en trauma.

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Información extraída de: G. Wilson y M. Luciano (2007) Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): Un tratamiento conductual orientado a los valores. 
Imágenes: Pixabay.com

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