Alegría, tristeza, ira, miedo, vergüenza… Son algunas de las denominadas emociones básicas, con las que todos estamos familiarizados. Desde un punto de vista evolutivo, todas ellas han tenido su función adaptativa, y si han llegado hasta nuestros días, es principalmente porqué han resultados útiles para nuestros antepasados.

A día de hoy en la cultura occidental parece haberse establecido una clasificación entre las emociones consideradas como “buenas”, y las consideradas “malas” o “tóxicas”. Y no solo eso, sino que se les otorga a estas emociones un papel de causa, de razón por y para hacer las cosas, determinante para la persona, bajo lemas como “para actuar bien, hay que sentirse bien”, “si no estás convencido, no lo lograrás”, entre otros.

Sin embargo desde un punto de vista funcional las emociones no son buenas ni malas, simplemente son, y como decíamos, tienen su razón de ser. La película Inside Out (2015) de Disney, generó gran expectación al poner de manifiesto que en ocasiones, las emociones consideradas “malas” pueden ser las más pertinentes, y no solo eso, sino también las más útiles y necesarias para superar ciertas situaciones adversas.

inside inteligencia emocional

 

Papel funcional de las emociones

Para entender el sentido evolutivo y adaptativo de las emociones, imaginemos a nuestros antepasados en medio de la sabana. Visualizan una mancha marrón a lo lejos, podría ser o no, una amenaza al acecho. Probablemente, aquellos con mayor predisposición a sentir miedo, se refugiarían y evitarían terminar siendo el menú del depredador. En líneas similares, aquellos dotados de ira podrían enfrentarse a él y ello aumentaría sus probabilidades de supervivencia.

Volviendo a nuestro presente, seguro que te vendrán a la cabeza situaciones donde reaccionar con la mayor alegría, no sería lo más deseable. Si acabas de suspender un examen, o no has cumplido con tus expectativas en el trabajo, alguna de las emociones denominadas negativas probablemente será la que te mueva hacia el cambio.

Y es que precisamente la palabra emoción proviene de la palabra latina “emotio”, nombre derivado del verbo movere, haciendo referencia a algo así como “movimiento”. De este modo, las emociones pueden considerarse sensaciones del cuerpo que nos informan sobre aquello que está pasando fuera, orientándonos, predisponiéndonos para responder.

 

Del “Sentirse bien para actuar”, al “Actuar bien para sentir bien”

Siendo así, observamos que a menudo las personas consideran prfoblemáticas estas sensaciones, la vivencia de la emoción, y no la realidad en que se encuentran y que está originando esa manera de sentir. Caricaturizándolo, les gustaría vivir en una situación alarmante sin oír ninguna alarma que les advirtiera para intervenir, pretendiendo emociones positivas negativasmatar al mensajero y no escuchar lo que viene a decir.

Conscientes de ello, las Terapias Contextuales, y en especial la Terapia de Aceptación y Compromiso, pone especial énfasis en cómo está la vida de la persona que acude a consulta. Más allá de los síntomas que pueda presentar, del dolor emocional, qué tal está esa persona en las diferentes áreas de su vida, ¿Avanza en ellas en la línea que le gustaría?

Suele ocurrir que los pacientes ante la presencia de ciertos síntomas, que pueden ser alarmantes pero naturales, ponen en “STOP” su vida a la espera de solucionarlo, algo plenamente coherente con el discurso establecido de “para actuar bien, hay que sentirse bien”, y donde bien puede significar algo así como “ausencia de malestar o problemas”. Pero ese poner en STOP la vida puede ser precisamente el motivo de que ese malestar se mantenga o incluso pueda expandirse, y de que la persona se sienta estancada.

 

“When a flower doesn’t bloom you fix the environment in which it grows not the flower.”

Alexander den Heijer

 

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