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Siguiendo con el ciclo de artículos que empezamos la semana pasada, orientados a tratar diversos temas en torno a la Educación relativa a emociones, en este artículo hablaremos sobre la Inteligencia Emocional; que relación guarda con la Educación Emocional, cómo se define y de qué manera podemos ayudar a desarrollarla, tanto en nosotros mismos como en los más pequeños.

La Inteligencia Emocional es un término que cada vez más cobra mayor relevancia en la educación de nuestros hijos e hijas, pues ha demostrado ampliamente tanto su efecto protector en relación a diversos trastornos, como su utilidad y relevancia en ayudarnos a llevar una vida sana y plena, tanto en nuestra infancia como en la vida adulta.

inteligencia emocional infantil

La Inteligencia Emocional (IE a partir de ahora), se define como la habilidad para controlar las emociones propias y las de los demás, así como para discriminarlas y usar esta información como guía de nuestra conducta, incluyendo (Mayer, Salovey, Caruso, & Sitarenios, 2001):

  • Percepción emocional: la habilidad para identificar las emociones
  • Facilitación emocional: la capacidad para aprovechar la información emocional y mejorar los pensamientos
  • Comprensión emocional: la destreza para identificar y comprender la información emocional
  • Regulación emocional en las relaciones sociales y crecimiento personal e interpersonal
    inteligencia emocional en niños

Estas habilidades, se aprenden y se desarrollan en cada persona en función de las oportunidades y las experiencias que va viviendo. Tal y como comentábamos la semana pasada, el aprendizaje emocional implica aprender a identificar lo que sentimos, para después poder poner en práctica recursos y herramientas para poder modular o gestionar dichas emociones.

Tal entrenamiento, no puede darse en algunos ambientes y en otros no. Es decir, el entrenamiento en IE debe darse a lo largo de todas las etapas evolutivas de los infantes, y en todos los ámbitos, pues es solo a través de la consistencia y coherencia en el estilo educativo que un aprendizaje de este calibre puede llegar a cristalizar.

La vorágine que llamamos sociedad actual, no presenta las condiciones idóneas para un aprendizaje de este tipo. Todo lo que nos rodea pone el punto de interés en aquellas cosas materiales, volátiles y faltas de valor, valor real, pues lo que interesa es la creación de un consumidor. Y los buenos consumidores, como tú ya debes saber, no piensan. No se cuestionan cosas. No se miran, ni aprenden a gestionar sus pensamientos y emociones. Pues si así fuera, no consumirían todo lo que nuestra sociedad necesita para seguir funcionando.

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La influencia de los medios de comunicación, el uso excesivo e inapropiado de tecnología, el ritmo de la vida cambiante y acelerado con el que viven la mayoría de personas adultas, se transmite a los niños y niñas de nuestra sociedad. La presión por la obtención de buenos resultados, se traduce en que cada vez, nuestras hijas e hijos pasan más tiempo ocupados, realizando deberes o actividades, que sin una guía adecuada, pueden resultar contraproducentes. El no poder disfrutar de una socialización rica, no dirigida, libre, les priva de poder experimentar experiencias que potencien su crecimiento personal. Por si no fuera poco, nuestros pequeños cada vez tienen más medios y recursos para empezar a interactuar con el mundo a una edad más temprana, más información que procesar y herramientas a dominar. Delante de este panorama, no es de extrañar que cada vez más les cueste centrarse, focalizar la atención y tomar decisiones teniendo en cuenta a los demás y, principalmente, a sí mismos.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, a continuación planteamos algunas estrategias que esperamos puedan resultar útiles para ayudar a desarrollar las diferentes habilidades que se engloban dentro del concepto de Inteligencia Emocional, pues tal y como vimos en el artículo de la semana pasada, un correcto desarrollo de todos los aspectos relacionados con la educación emocional, dota a nuestras hijas e hijos, de herramientas cruciales para poder actuar de una manera adaptativa en este mundo que les dejaremos en herencia.

9 Estrategias para enseñar Inteligencia Emocional

1.- Predicar con nuestro ejemplo

Nunca podremos pedirle a un niño que haga algo que nosotros mismos no hacemos. Nuestras hijas e hijos, son el reflejo de lo que nosotros somos. Es inviable intentar inculcar inteligencia emocional, sin poseerla. Es inviable transmitir calma, estando nervioso. Como lo es enseñar a escuchar, a uno mismo y a los demás, cuando no tenemos tiempo para hacerlo nosotros mismos. Así que, si queremos cambiar esta situación, si queremos enseñar Inteligencia Emocional, debemos practicarla. La salubridad mental pasa, en buena medida, por dedicar tiempo y esfuerzo en identificar que emociones estamos sintiendo en cada momento, y gestionarlas. Escucharnos, aceptar aquello que nos da la vida y trabajar por aquello que nos importa.

2.- Dedicar tiempo

El transmitir a un infante la importancia del aquí y ahora, remarcando que la evitación de aquello que nos pasa, ya sea a nivel interno o externo, nunca nos va a ayudar, requiere tiempo y esfuerzo. Arrojar luz sobre cualquier proceso emocional que estén viviendo nuestros hijos e hijas, es un trabajo arduo que no entiende de atajos o resúmenes; requiere de tiempo y dedicación. El hacerles entender que pensar en que nos deparará el futuro, preocuparnos por lo que fue o será, no conlleva nada bueno, pues no es donde podemos actuar, donde podemos cambiar las cosas, es importantísimo. Pero para poder enseñarlo, primero he de aprenderlo y llevarlo a cabo. Y después he de dedicar tiempo, esfuerzo y paciencia para poder transmitirlo.

3.- Enseñarles a reconocer las emociones

Tanto las suyas propias como la de los demás. A partir de los dos años es recomendable iniciar a los niños en el campo del reconocimiento de las emociones, ya que es cuando empieza la interacción con sus iguales y con los adultos, de una manera más directa.

Una buena manera de empezar es enseñarles fotografías de rostros o dibujos, que representen las diferentes emociones. Cada vez que se vean afectados por alguna emoción es una oportunidad para enseñar a reconocer dichas emociones; preguntándoles qué les pasa, por qué creen ellos que se sienten así, haciendo hincapié en la transitoriedad de la emoción…y también haciéndoles reflexionar sobre las emociones y sentimientos de los demás. Dicho proceso, que se afianzará a medida que vayan creciendo, es vital para que aprendan a reconocer sus propias emociones, así como las de los demás, y sobre todo, comenzar a desarrollar la habilidad de la empatía.

4.- Fomentar interacciones libres

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El juego libre es la mejor manera de que nuestros pequeños puedan poner en práctica las enseñanzas y recursos que van aprendiendo en relación a la gestión emocional. Interacción pura y dura, no reglada por adultos o por actividades, es donde se dan las condiciones necesarias para aprender todo lo concerniente sobre la Inteligencia Emocional. Bajar al parque y dejarles jugar con quien quieran y con lo que quieran. Obviamente, la idea es dejarlos jugar a su aire, pero controlar el juego y estar por ellos, listos para actuar y mediar delante de cualquier situación que se preste, pues de buen seguro se darán situaciones en las que se necesitará la guía de un adulto para gestionar las emociones elicitadas, tal como se hace un terapia con un psicólogo infantil.

5.- Enseñarles a afrontar las emociones

¿De qué manera? Con ejemplos. Los niños funcionan con aprendizajes tipo ensayo y error, así que resulta vital que sepamos discernir entre qué conductas han de ser reforzadas y cuáles no. Por ejemplo, las rabietas; normalmente éstas no son más que una demanda de atención. No entrar a negociar con ellos hasta que se tranquilicen es necesario para después poder enseñarles que hay otras maneras de expresar malestar o enfado, como por ejemplo decir qué es lo que les molesta en voz alta. Otro ejemplo es la gestión delante de la frustración que se genera al no poder conseguir lo que se quiere; el aprender a perder, ya sea en el ámbito deportivo o en cualquier otro, sólo se dará gracias a una intervención educativa consciente por parte de los adultos de referencia. Que aprendan a expresar sus sentimientos de una manera adaptativa desde bien pequeños, es crucial para que, una vez lleguen a la edad adulta, no presenten conductas desadaptativas.

6.- Trabajar la empatía

Para desarrollar una dimensión tan importante como esta es necesario razonar con ellos continuamente mediante diferentes preguntas: “¿Cómo crees que se siente tu amigo tras lo que le has hecho? ¿Por qué crees que está llorando tu hermana? ¿Crees que la profesora estará hoy contenta?” El que puedan ir razonando sobre lo que les pasa a las personas de su entorno, les permitirá ir adquiriendo los diferentes elementos de la empatía (compartir la perspectiva del otro, no emitir juicios, reconocer las emociones del otro y poder comunicárselo).

7.- Desarrollar su comunicación

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Hablar con los niños, hacerles preguntas, razonar, jugar, poner ejemplos… es algo imprescindible en su educación. Debemos favorecer continuamente el que puedan expresarse, poner en voz alta su opinión y sus sentimientos, que aprendan a dialogar. Por otro lado, desde muy pequeños deben saber respetar al otro mientras éste esta hablando, pero no solo eso, deben aprender a escuchar activamente. De ahí que sea recomendable hablarles despacio, frente a frente y terminando las frases con un “¿has entendido?”, “¿estás de acuerdo con lo que he dicho?”. Una vez más, debemos predicar con el ejemplo: si no los escuchamos activamente cuando ellos nos hablan, será muy difícil que ellos hagan lo propio con nosotros.

8.- Siempre mostrarnos disponibles

A lo largo de sus vidas, otras emociones irán cobrando más peso a medida que vayan creciendo. Emociones y sentimientos tales como la ansiedad, la vergüenza, el amor, el deseo… irán apareciendo y es importantísimo que nos mantengamos al tanto y dispuestos a tratar de cualquier tema delicado, desde la sinceridad y honestidad, erigiéndonos en su guía, para que puedan enfrentarse a estos sentimientos con seguridad, aceptándolos como lo que son.

9.- Permitir la expresión de emociones

fomentar la inteligencia emocional es esencial que podamos facilitar a los niños y niñas la confianza apropiada para que puedan expresar todo aquello que sientan, ya sean emociones, sentimientos o recuerdos, vividos como positivos o negativos. El hogar y la familia son los primeros escenarios donde los infantes desarrollaran los primeros pasos en sus vidas, y si les ofrecemos seguridades y facilidades para que puedan expresarse y comunicarse, también lo harán a medida que crezcan y en el resto de contextos donde se desarrollen.

Saber comunicarse y reconocer emociones propias y ajenas son, sin duda, habilidades imprescindibles para el correcto funcionamiento humano en nuestra sociedad. Sólo desde el trabajo personal en éstos ámbitos, podemos los adultos ayudar a esas personitas en desarrollo que son nuestras hijas e hijos a aprender de manera satisfactoria todo el compendio de habilidades que engloba la Inteligencia Emocional, cruciales para poder acabar viviendo una vida plena, sana y feliz en base a nuestros valores.

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