Educación emocional: 3 formas de potenciarla

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A partir de hoy empezamos un nuevo ciclo de artículos, orientados al ámbito de la psicología de la educación. En ellos, discurriremos y comentaremos diversos aspectos de suma importancia en la educación de los más pequeños, haciendo especial énfasis en todas aquellas áreas que promuevan un crecimiento psicológico sano, feliz y adaptativo. En este primer artículo, hablaremos de la importancia de la educación emocional, su relación con la educación en valores y cómo trabajarla según la fase de desarrollo del infante.

Pero para poder empezar a habar de la educación emocional, primero debemos hablar de la educación per se. La palabra educación, etimológicamente procede de los términos latinos educere y educare. El primer término hace referencia a una acción interna, y se podría traducir como conducir, guiar o sacar hacia fuera, mientras que el segundo término hace referencia a una acción externa, pudiendo traducirlo por las palabras instruir o formar, entre otrasAsí que ya desde sus orígenes, en la palabra educación podemos encontrar una dualidad entre la búsqueda de una guía, unas reglas o prioridades que se van gestando a nivel interno y el componente externo que moldea, instruye o da forma a nuestras capacidades, sean del tipo que sean.

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El problema es que, desde hace algunos años hasta esta parte, en la escuela, se presta principalmente atención a la segunda parte de la definición etimológica de educación, ofreciendo formación orientada al aprendizaje de conocimientos, tanto teóricos como técnicos, pero dejando de lado, en gran parte, el aprendizaje de cuándo, de qué forma y porqué debo aplicar o no dichos conocimientos, así como su relación con las emociones, áreas muy recomendables desde la psicología infantil.

Los 4 pilares de la educación

Jacques Delors, en su libro La Educación encierra un tesoro, nos dice que la educación debe estructurarse en torno a pilares educación infantil

cuatro aprendizajes que son o deberían ser los pilares de la educación. Estos 4 pilares son una base teórica fundamental para hacer que la educación, sea realmente integral:

  1. Aprender a conocer
  2. Aprender a hacer
  3. Aprender a convivir
  4. Aprender a ser

Por lo tanto, si queremos dotar a nuestras niñas y niños de las herramientas necesarias para desenvolverse en nuestra sociedad, debemos enseñarles a aprender a conocer; a partir del descubrimiento y de la exploración del mundo que les rodea, a aprender a hacer; ayudando a poner en práctica lo que sabe en cada situación que se van encontrando en esta aventura que llamamos vida, a aprender a convivir; contrastando opiniones, interactuando con los demás y, en definitiva, fomentando el desarrollo personal con un pensamiento crítico y autónomo, para finalmente, poder aprender a ser; el fin último de la educación, garantizando la integración y adaptación de la persona en la sociedad, de una forma sana, feliz y responsable.

Estos aprendizajes, no se basan en conocimientos que se puedan transmitir de manera individual, sino que más bien se basan y se transmiten de una manera vivencial; a través de la relación con otras personas, experimentando, practicando, viviendo… Será la vivencia de experiencias, lo que nos permitirá aprender la moralidad, los valores y las actitudes que conformarán nuestra identidad de persona adulta. Y en los 4 pilares entran en juego las emociones; un factor que siempre media entre la vivencia y el aprendizaje que se desprende de dicha vivencia, pues en función de cómo nos encontremos emocionalmente estaremos en disposición de integrar los conocimientos (ya sean relacionados con conocer, hacer, convivir o ser) que nos brinda cada momento de nuestras vidas.

No existe ninguna clave secreta o mágica para la educación emocional; al final, es una cuestión de tiempo, coherencia y paciencia.

 

educación emocional infantil

La educación emocional tiene como objetivo el desarrollo de las siguientes competencias emocionales: conciencia emocional, regulación emocional, autogestión, inteligencia interpersonal, habilidades de vida y bienestar. Dicho objetivo, se basa en una carencia que, entre otros autores, ha detectado Rafael Bisquerra Alzina, uno de los principales impulsores de la educación emocional en nuestro país.  Y es que las niñas y niños, a lo largo de su proceso de desarrollo evolutivo, van aprendiendo poco a poco a gestionar emocionalmente lo que les pasa a su alrededor, y, no pocas veces, adolecen de la capacidad para concluir que es lo correcto y lo que no. Y es aquí donde entra el papel educador del adulto, pues es fundamental ofrecer nuestra ayuda para guiarles en este proceso de descubrimiento de actitudes, valores y reglas, que acabaran conformando su (y nuestro) mundo.

La educación emocional es un pilar fundamental para aprender a convivir, fomentar el respeto, la tolerancia, el diálogo, la resolución pacífica de conflictos, el trabajo en equipo… y se debe realizar a través de situaciones que resulten familiares a los niños, que tengan sentido para ellos y, evidentemente, de una forma lúdica.

3 maneras de potenciar la educación emocional

Los cuentos en la educación emocional

El recurso de los cuentos o de las historias es muy potente. educacion emocional en niñosEl poder que tienen las historias para transmitir aprendizajes es muy destacable, ya que las niñas y niños ejercitan su imaginación, se identifican con los personajes y se ven transportados a mundos fantásticos donde viven aventuras con las que aprenden todo tipo de enseñanzas relacionadas con lo que esta bien y lo que esta mal en el mundo. Especialmente importante son en el ámbito de la educación emocional, pues les enseñan nuevos estados emocionales, en qué contextos pueden aparecer y qué hacer con las emociones una vez estas se activan.

Te dejamos aquí una selección de cuentos, agrupados por edades, que te pueden servir de ayuda para trabajar las emociones, a los que puedes acceder gratuitamente.

Realizar actividades

educación emocional infantil psicólogosSi con el recurso de la historia o el cuento transportamos a los niños y las niñas a vivir experiencias enriquecedoras, otra opción más que interesante es que realicen actividades que permitan la vivencia de esas mismas experiencias enriquecedoras en su propia piel. Esto conlleva que el adulto invierta tiempo y esfuerzo en intervenir en dichas experiencias, pues será difícil que se de un aprendizaje significativo sin ninguna mediación de algún agente educador, llegando incluso a ser perjudicial, pues la poca tolerancia a la frustración, la evitación del malestar y otras dificultades emocionales se instauran a partir de experiencias vitales no mediadas por agentes educadores eficaces.

Es ya clásico el que nuestras hijas e hijos estén apuntados a alguna extraescolar, esto es, alguna actividad que se de fuera del horario lectivo. El poder integrarse en un equipo para realizar algún deporte, el participar en algún grupo de lectura o de manualidades, o simplemente el poder realizar actividades alternativas mediadas por algún adulto de referencia que pueda actuar de guía en la gestión de las emociones que se ponen en juego, es la mejor manera de seguir fomentando su integración, educación emocional y desarrollo psicosocial.

Es importante el remarcar que de la gestión que se de en casa de la vivencia de dichas actividades, el infante puede salir reforzado o no. Desgraciadamente, la práctica de apuntar a niñas y niños a actividades extraescolares a guisa de niñera, esta bastante extendida en nuestro país. El que dichas actividades puedan repercutir de manera positiva en el aprendizaje emocional de nuestros hijos e hijas, pasa porque los padres se involucren en dichas actividades, y ejerzan, dentro de sus limitaciones, como guías activos en el aprendizaje de los valores, emociones y conocimientos que entran en juego.

Fomentar la comunicación

psicología emocional infantil activitalPara que los dos primeros recurso que planteamos tengan el efecto deseado en la educación emocional de las niñas y niños, es vital acompañar dichos cuentos, experiencias y actividades con una puerta a la comunicación permanentemente abierta. Por muy obvio que pueda parecer, el mantener una comunicación franca, honesta y abierta, dónde las y los infantes puedan consultar sin temor ni vergüenza lo que les preocupe, confunda o intrigue, es la mejor manera de incidir en el descubrimiento, gestión y aceptación de las diferentes emociones que les habrán de acompañar el resto de sus vidas.

Tener paciencia, mostrarse comprensivo, dejarles espacio y mostrarse interesado por lo que les pasa, son sólo algunas de las cosas que deberemos hacer para poder trabajar directamente en el terreno de la educación emocional, así como para establecer una conexión mediante la cual podamos transmitir otros puntos importantísimos en su educación, cómo son el trabajo orientado a los valores y actitudes que creamos oportunos.

Y es que, en definitiva, la educación emocional no es más que enseñarles a conocerse a ellos mismos, y a los demás cultivando inteligencia emocional en niños y niñas. Es ayudarles a que sean conscientes de las emociones que les están acompañando, entendiendo que no hay emociones buenas y malas, sino simplemente emociones que nos hacen sentir mejor, o peor. El que puedan aceptar dichas emociones, y que éstas no interfieran, sino más bien que potencien el resto de aprendizajes que deben llevar a cabo en su proceso de desarrollo psicosocial, es el fin último de la educación emocional.

 

Bibliografía:

Delors, J. (1994). Los cuatro pilares de la educación, en La Educación encierra un tesoro. Informe de la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI. México: El Correo de la UNESCO, p. 91-103.

 

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