miedo a dormir solo en niños

El miedo a dormir solo es un motivo de consulta frecuente en psicología infantil. Es común el caso de padres y madres que ven cómo sus hijos tienen ya una cierta edad e insisten en dormir acompañados o colarse en su habitación a media noche. En muchas ocasiones observamos que las ganas de evitar que los pequeños sufran pueden hacer que el problema se mantenga o incluso aumente.

Antes de nada, empecemos por ver de qué se trata el miedo a dormir, si es normal o no, y en qué medidas es un problema. A partir de ahí, y de entender cómo funcionan los miedos, podremos concluir qué podemos hacer con el miedo y qué puede ser contraproducente para ayudar a nuestros pequeños.

Normalizando el miedo a dormir solo en niños

Teniendo en cuenta que los humanos somos seres sociales, y como todo organismo buscamos sobrevivir, tiene sentido evolutivamente hablando que el quedarse solo o la oscuridad puedan activarnos. Esta activación (en este caso, mediante sensación de miedo) nos orientará hacia la búsqueda de conexión con otros, seguridad y protección. Más en la oscuridad, cuando se reduce notablemente la cantidad de estímulos a los que prestar atención, es probable que esta se dirija hacia dentro, a lo que nos dice la “mente”, y que esto en ocasiones nos atemorice.

Por nuestra experiencia, el temor a dormir solo suele vestirse de miedo a que suceda algo malo, a historias que han escuchado de algún compañero sobre asesinos, monstruos u otras amenazas… Si bien no siempre hay un foco claro y el miedo en ocasiones puede ser difícil de explicar en términos de “qué me da miedo exactamente”.

Tan humano como sentir alegría o tristeza, es sentir miedo, una emoción totalmente normal, sana y natural. Y como las demás emociones, a menudo escapan a nuestro control: Del mismo modo que los padres pueden sentir preocupación por el bienestar de sus hijos, quieran o no quieran, los niños tampoco pueden elegir tener o no tener miedo.

miedo a la oscuridad en niños

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De este modo, nuestra atención no debe ir hacia la lógica o realismo de lo que el niño siente, sino a cómo vamos a enfrentar el miedo a la oscuridad o a pasar la noche solos. Es importante tener eso en cuenta dado que para un adulto esos miedos pueden parecer fantasiosos, poco probables, y desajustados a la realidad: En muchas ocasiones, los miedos funcionan así. Un ejemplo que sirve para ilustrar este hecho puede ser los pensamientos que fácilmente se presentan tras ver una película de terror, en que presentimos que el malo puede aparecer en cualquier instante.

En conclusión, el miedo raramente puede eliminarse de forma racional, y se recomienda no discutir lo que se siente, sino centrarse en qué hacer con lo que se siente, pues el miedo estará presente pero es igualmente deseable tanto para el desarrollo del niño como para el descanso familiar que el niño pueda aprender a dormir solo en su habitación y con la luz apagada.

¿Qué hacer con el miedo a dormir solos?

Frecuentemente vemos padres que consideran que hay que eliminar el miedo a dormir solo para que consiga hacerlo. Sin embargo, como veíamos anteriormente, este camino suele resultar improductivo, y se abre la alternativa de aprender a dormir solo aun estando el miedo presente. La mejor manera que tenemos las personas para superar un miedo es sentirlo, y aun así mandar nosotros sobre él, y no al revés.

mi hijo no quiere dormir solo

Los pequeños, y en ocasiones los padres intentando dar con la solución, tendemos a hacer muchas conductas para evitar sentir el miedo, como por ejemplo:

  • Quedarse con el niño hasta que se duerma
  • Dejar la luz encendida
  • Permitirle que duerma en la habitación de los padres
  • Dormir con él/ella en su habitación
  • Dar explicaciones sobre lo poco racional de los pensamientos que están presentándose

Todas estas acciones, entre muchas otras, impiden al niño aprender a estar con el miedo a dormir, sin buscar escapatorias y avanzar en lo importante del momento (en este caso, dormir solo, como una manera de hacerse más independiente, mayor, etc).

Así, lo ideal será bloquear estos intentos de huída del miedo, para aprender a estar con él. Esta tarea puede resultar complicada dado que cuando el niño/a sienta el miedo, lo que buscará es el alivio, probablemente con la presencia de sus padres, y ahí será importante mantenerse con determinación. Del mismo modo que si hablamos a alguien y no nos contesta, podemos subir el volumen, el niño al ver que no recibe la atención de sus padres muy probablemente “suba el volumen” de diferentes maneras para que se le haga caso y pueda aliviar el miedo. Y de nuevo, y ahí suele radicar la dificultad del proceso, los padres deberán mantenerse firmes para ayudar a su hijo a poder superarlo. Visto así, puede parecer algo duro, por lo que veamos ahora de qué maneras se puede hacer más llevadero.

¿Cómo hacerlo?

Resumiendo, el objetivo no será que el miedo desaparezca para poder dormir solo, sino aprender a estar con el miedo y dormir solo (lo que muy, muy probablemente hará, progresivamente, que el miedo desaparezca). Este proceso puede hacerse de golpe o acordar con el niño un plan progresivo en el que inicialmente se permiten X conductas de escape del miedo y progresivamente se van reduciendo. Por ejemplo, permitir la primera semana que el niño acuda a los padres un máximo de 3 ocasiones, y a la semana siguiente 2, y así sucesivamente.

Dado que este es un proceso que puede resultar duro tanto para los niños como para los adultos, veamos ahora qué maneras de “vestir” este proceso de aprendizaje.

  1. Validar el miedo: Como hemos visto inicialmente, el niño no elige tener o no miedo, ni tener ciertos pensamientos, por lo que será recomendable validar el hecho de que el niño sienta lo que está sintiendo, y ayudarle a desafiar esos pensamientos centrándose en el “cómo respondo a esto que me dice la mente”.
  2. Poner ejemplos de éxito anteriores: Plantear casos anteriores en que el niño ha afrontado el miedo y eso le ha hecho la vida mejor. Ejemplos de ello pueden ser cuando el niño aprendió a montar en bicicleta, nadar, ir en patinete o esquiar. miedo a dormir solo niño 8 años Buscar un ejemplo en el que el niño está hoy disfrutando de algo (ir a la piscina) y recordar que al principio resultó difícil, que tenía esos pensamientos de “no quiero”, miedo a ahogarse, y que aun así se lanzó al agua y a día de hoy la piscina no genera esos temores, sino disfrute. Un equivalente así puede ayudar al niño y motivarle en el proceso.
  3. Programar recompensas: Dado que el niño está haciendo un esfuerzo por hacerse más independiente y responsable, puede ser efectivo el hecho de que reciba algún tipo de recompensa si consigue cumplir con el plan acordado (por ejemplo, si esta semana logras quedarte en la cama y respetar el máximo de veces que puedes llamarnos, el sábado iremos a ver esa película que tanto te gusta).
  4. Plantearlo como un reto en equipo: Mostrar cercanía emocional, y destacar el hecho de que se quiere al niño, que si no se va a acudir a su habitación cuando reclame a los padres es porque quieren lo mejor para él. Mostrar también las ganas que pueden tener los padres de ir a hacerle compañía pero que van a tener que mantenerse, aun con esas ganas, por su bien, puede servir para ver que el reto es de toda la familia, y que los padres también tienen que afrontar su parte, por el bien del niño/a. Así lograremos que el niño pueda sentirse reconocido y arropado.

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