Hay un amigo en mí: ¿Cómo nos relacionamos con nosotros mismos? ¿Cómo mejorar la autoestima y practicar el amor propio?

Regreso de la apertura del Máster en Terapias Contextuales de MICPSY, en que hemos tenido el placer de disfrutar de dos días con Kelly Wilson, Profesor de la Universidad de Mississippi y uno de los principales referentes de la Terapia de Aceptación y Compromiso a nivel mundial.

Sentado en el asiento trasero de un Ford Mondeo veo pasar los más de 600 Kilómetros que debo recorrer de regreso a Barcelona, tratando de tomar conciencia de algunos de los aprendizajes que me han ofrecido este fin de semana, y concretamente a una de las preguntas que más me ha impactado de las que se han planteado en estas sesiones. ¿Cómo tratarme a mí mismo?

¿Cómo tratarme a mí mismo?

La primera respuesta parece evidente, pues quisiera tratarme bien, con cariño y amor propio, sin embargo pronto paso del plano teórico al práctico de mí día a día, y veo diferentes imágenes en las que ciertamente esto no ha sido así. Paseo por distintas escenas de mi pasado reciente y me resulta fácil detectar patrones en mi manera de relacionarme conmigo, ciertamente alejados de mi evidente respuesta inicial, dándome cuenta del pequeño tirano que puedo ser en ocasiones conmigo mismo.

nen trist psicolegs barcelonaMe veo errando un pase en mi partido de los domingos, y los auto-mensajes que me digo tras el error, “¡serás inútil!”, “¡Vaya mañana llevas, ya podrías pedir el cambio…”; y recuerdo cuando jugaba con 7-8 años, en que algún compañero mayor del equipo me decía cosas similares al fallar una ocasión clara.

Me veo también esta misma mañana, habiéndome olvidado el cargador del móvil en el Hotel, y la respuesta inmediata al darme cuenta de ello, “vaya desastre estás hecho, otro descuido más…”; y recuerdo esas mismas palabras en la boca de mi tutora de primaria, una semana de esas en que el día que no me olvidé los deberes, fue la carpeta o la ropa de gimnasia. “Pareces tonto, ahora perderás la hora de comer para ir a recuperarlo” Y me acuerdo de algunas de mis amistades adolescentes, y nuestra manera de relacionarnos de aquel entonces.

Así mismo, me veo con la idea de escribir una nueva entrada en el blog, incluso de tirar adelante el proyecto de este mismo blog, y pensamientos temerosos vienen a visitarme, “¿Quién crees que va a leer esto?”, “¿Qué crees que diría Kelly si viera que has escrito semejante artículo de unos conceptos que puede explicar él infinitamente mejor?, “Quizás hayas entendido mal las cosas y estés diciendo algo incorrecto…”. Recuerdo ahora infinidad de ocasiones de pequeños fracasos previos o situaciones en que me pusieron en duda antes de empezar algo importante para mí, y el eco de esas palabras traído al presente en este mismo instante.

Igualmente en el trabajo, soy ágil al recordar situaciones de dificultad y aquellos pensamientos de “aún no lo saben, pero pronto verán que estás poco capacitado y te echarán”, “tendrías que haber venido 2 horas antes al trabajo ya que eres lentito”, “qué pensará mi compañera si le pregunto sobre esto, creerá que no tengo ni idea…”

Volviendo a la pregunta inicial sobre cómo tratarse a uno mismo y mi automática respuesta: ¿Es esta realmente una manera de tratarse “bien, con cariño y amor propio”? La autoestima no es algo que se tiene, se practica. ¿La practicamos?

amor propio y autoestima niños

Imaginemos por unos instantes una de esas personas que amamos con toda el alma, quizás nuestros hijos o sobrinos pequeños, pareja o un/a mejor amigo/a. La amabilidad y cuidado que nos despiertan y estamos encantados de ofrecer. Tomemos unos instantes para recordar esa cara, su mirada, y lo que nos despierta.

Dado que la respuesta fue bien, con cariño y amor propio, puesto que me quiero a mí mismo, pensemos en nosotros mismos a la edad de 5-6 años. En la personita de esa foto en el salón de nuestros padres. Probablemente nos inspire esa amabilidad, amor y cariño con que respondimos inicialmente.

Desde aquí, el trasfondo cargado de tiranía en todas esas respuestas a uno mismo no tienen cabida, jamás le diría a una de esas personas a quien amo plenamente frases como “serás inútil”, “vaya desastre estás hecho”, o “nadie te va a querer jamás”.  Los mensajes que quiero ofrecer a esa persona irían cargados de compasión, amabilidad y confianza.

Quisiera volver al lector al momento presente de nuevo, para reflexionar sobre lo siguiente.

¿En qué momento, exactamente, decidimos que esa misma persona dejaba de ser merecedora de este mismo trato?

Mediante un ejercicio de Mindfulness, Kelly Wilson me invitó a poder regresar a todos esos momentos, al niño gordito que creía que nunca encontraría una chica que le quisiera,  al de veinte años lesionándose en el gimnasio tratando de huir de esa sensación, y al adolescente ebrio buscando una liberación de inseguridades. También a aquél joven que anteponía las necesidades de otras personas por temor a perderlas, o solía ofrecerse a realizar las tareas más pesadas para lograr una mayor aprobación.

Me invitó a regresar a esos momentos de sufrimiento desde una perspectiva comprensiva y compasiva, mirándome a mí mismo como alguien a quien amo, y es digno de ser amado, no solamente en el plano teórico y lógico, sino también en el plano vivencial y conductual.

Es natural y condición del ser humano el sufrimiento, sentir dudas e inseguridades, y conocer el fracaso, como experiencia inherente a la hora de crecer, asumir riesgos y avanzar hacia aquellas cosas que nos importan. Dado que somos la única persona con quien nos relacionamos las 24 horas al día los 365 días del año, conviene pensar de qué manera se va a desarrollar esa relación, dado que será el contexto en que vivamos esos momentos, desde los más duros a los más agradables.

 

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Quizás subir el volumen de nuestra amabilidad, compasión y cariño sea una buena idea. Quizás cultivar algunos patrones a seguir, desde esta actitud amorosa hacia uno mismo, sea un buen regalo que ofrecernos. Quizás sería buena idea pensar en hechos concretos para evitar esa desviación del plano teórico al práctico. Quizás podríamos encontrar pequeños detalles que ofrecernos a nosotros mismos en los próximos días, como muestra de ese amor propio, como recordatorio de que nos importamos y cuidamos. Y, quizás, la fuerza de este regalo que nos podemos ofrecer recaiga también en nuestro entorno próximo y en las vidas de las personas a las que amamos.

¿Hay un amigo en ti? ¿Cómo va esa relación?

Tenéis a continuación un ejercicio similar a los que realizamos durante estas sesiones con Kelly, traducido por Fabián Maero de Grupo ACT Argentina:

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Imágenes: Pixabay.com