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Se estima que la ansiedad en niños problemática se da con una frecuencia de entre el 10 y el 20 por ciento de la población menor de 12 años. Por lo que los problemas de ansiedad son una realidad no solo en el mundo adulto, sino también entre la población infantil.  Sin ser necesariamente la causa, las investigaciones sí demuestran que la manera de actuar de los padres tiene un peso importante en el desarrollo, y sobretodo, el mantenimiento de la ansiedad infantil. Lo que significa que, si eres padre o madre de un niño con ansiedad, este artículo puede serte de gran utilidad para ayudar a tu hijo a superar la ansiedad.

En el artículo de hoy recuperamos la publicación de un equipo de investigadores de las universidades de Massachuetts y Boston en el año 2016, aportando información relevante sobre el tema.

Ansiedad en niños a día de hoy

La ansiedad infantil es de los problema psicológicos más habituales entre los pequeños. Su tratamiento es importante dado que un abordaje no eficaz del problema puede resultar negativo para los niños a corto, medio y largo plazo: La ansiedad infantil está relacionada con dificultades a nivel social y académicas, consumo de sustancias, así como una mayor probabilidad de desarrollar ansiedad también en la edad adulta.

A día de hoy las propuestas terapéuticas más establecidas son los tratamientos congnitivo conductuales, aunque lamentablemente en el 30-40% de las intervenciones no se logra reducir los síntomas ansiosos de forma significativa. Se sabe que la manera de responder por parte de los progenitores de niños con ansiedad a sus problemas psicológicos tienen una gran influencia en dicha ansiedad, pudiendo amplificarla y mantenerla, o todo lo contrario. Es por ello que el trabajo con los padres, para ayudarles a ayudar a sus pequeños, juega un papel central en la evolución de la problemática.

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Las investigaciones indican algunos de los comportamientos de los padres ante la ansiedad en niños que pueden jugar acabar por resultar contraproducentes para los niños con ansiedad. Aunque pueda parecer extraño, o contra-intuitivo, al tratarse de niños que pueden estar pasándolo mal, son los siguientes:

  • Exceso de control por parte de los padres: Estar excesivamente encima de los niños, controlando qué hacen o indicando qué deben hacer y qué no.
  • Falta de autonomía: Ausencia de oportunidades en que los niños puedan desenvolverse por sí mismos y desarrollar sus propios recursos.
  • Sobreprotección de los niños: Evitar situaciones que puedan resultar embarazosas o angustiosas para que los niños no sufran.

Ayudar a niños con ansiedad: Darles autonomía

Ofrecer autonomía a los niños no es una cuestión únicamente de dejarles hacer actividades por su cuenta y guiarles hacia que se responsabilicen de ciertas tareas propias y de la casa. Lo cual también es valorado como positivo. La autonomía de la que hablamos en este caso se refiere también, o principalmente, a la autonomía psicológica. Este tipo de autonomía es la que se desarrolla cuando…

  1. Los padres preguntan a sus hijos por su opinión respecto a algo, y esta es validada, respetada y tomada en serio
  2. Se toleran diferencias en la manera de pensar, de nuevo, validando sus “pensamientos autónomos”, aun siendo distantes de los de los padres
  3. Se reconoce como válido y respetar el punto de vista de los niños y niñas
  4. Se evita juzgar a los niños por sus opiniones, lo que piensan o sienten en un momento dado…
  5. Se promueve que sean ellos los que de manera independiente resuelvan ciertas situaciones y conflictos

Control y protección problemáticos en la ansiedad infantil

Son muchas las investigaciones que señalan esta relación, entre lo controladores que resultan los padres y madres, y la respuesta resultante en los niños con ansiedad como respuesta. En el año 2008 por ejemplo, Wilde y Rapee realizaron un estudio piloto en el cual contaban con una muestra de niños con sus respectivas madres, que dividían en dos grupos. A un grupo, se le pedía a las madres que adoptaran una actitud controladora y realizaras ciertas conductas en esa dirección, mientras que en el otro grupo se guiaba hacia lo contrario. Al finalizar, se observaba como la ansiedad infantil del grupo “controlador” había crecido significativamente respecto al no-controlador.

Viendo estos datos puede ser que te preguntes… ¿Por qué es tan importante la autonomía? ¿Qué tiene de malo proteger a nuestros hijos? La respuesta está en que, aún con la mejor intención, este tipo de situaciones pueden despertar en los pequeños pensamientos del tipo “no soy capaz” de abordar desafíos o situaciones nuevas, limitando su sensación de control sobre uno mismo y el entorno, su potencial de acción, valía y autonomía.

Imagina que estás de vacaciones y paseando por una ciudad nueva para ti, alguien te advierte, “no vayas por ahí”, “cuidado con eso”, “Déjame, ya lo hago yo por ti…”… Probablemente este tipo de interacción nos genere la sensación de que no estamos en un lugar seguro, o que no estamos nosotros capacitados para dar respuesta a ese entorno.

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Así, la sobreprotección puede generar sentimientos de incapacidad o impotencia, de no ser suficientemente aptos para afrontar diferentes circunstancias que se presentan. Y suelen verse este tipo de sensaciones detrás de la ansiedad en niños. Además, al sobreproteger a los pequeños se impide que puedan aprender a verse en situaciones angustiosas, y resolverlas por ellos mismos.

Al ayudarles a escapar de ciertas circunstancias, evitar situaciones…De algún modo, van entendiendo que si algo me activa ansiedad, debo alejarme. Y al fin y al cabo, la ansiedad es algo dentro de la normalidad de lo que siente un ser humano. Querer evitarlo, lo problematiza, y problematizar lo que sentimos, está en el corazón de los problemas de ansiedad infantil y de la ansiedad en los adultos.

Incorporando a los padres de un hijo ansioso

Las investigaciones sugieren que esta relación entre el sobreproteccionismo y la ansiedad en niños tiene un carácter bidireccional: Madres y padres de niños ansiosos, independientemente de que los adultos fueran o no ansiosos, daban menos autonomía a sus hijos al realizar tareas programadas en un laboratorio de investigación, que los de niños no ansiosos.

Los resultados de ese mismo estudio mostraban, y sorprendió en su momento, pero se ha confirmado en siguientes investigaciones: Que la ansiedad de los padres no tenía influencia en el sobrecontrol que puede promover la ansiedad infantil. Sin embargo, el ser un hijo ansioso sí que era algo que hacía que los padres se vuelvan más sobreprotectores.

Resumiendo el ciclo: Los padres ven a sus niños con ansiedad, y la preocupación que eso les genera les lleva a sobreprotegerles, amplificando así el problema y su mantenimiento. No se brinda a los niños la oportunidad de aprender a estar con la ansiedad y seguir su camino, como sí se enseña por ejemplo, a hacerlo con la pereza que pueden sentir por las mañanas: De notar la pereza, y levantarse, empezar el día, y al mismo tiempo normalizarla.

Así, visto que la ansiedad infantil suele empujar a los padres a volverse más protectores, y esto hace que la ansiedad pueda ampliarse y extenderse más, es importante en la psicoterapia infantil contar también con los padres para la intervención.

Estudios demuestran que cambiar los comportamientos protectores de los padres, suele traer la consecuencia de una bajada en la ansiedad de los niños. Sin embargo, la preocupación de los padres tarde en reducirse tras la caída de la ansiedad de los niños, pero en ningún caso es previa. Es decir, los padres van a tener que empezar a cambiar sus comportamientos de protección aun sintiendo esa preocupación por los hijos. Y, hechos de la misma pasta, los hijos ansiosos tendrán que afrontar esas situaciones ansiosas aun sintiendo ansiedad, y probablemente esta luego se reduzca.

Esto es importante dado que muchas de las cosas que hacemos las personas (desde fumar un cigarrillo, decir sí a todo para evitar un conflicto,  o evitar conocer gente si nos da vergüenza) van orientadas al alivio del malestar. Y desde esta óptica, el problema no es la ansiedad, sino la evitación de todo tipo de situación angustiosa, para los niños. Y por parte de los padres, sobreprotegiéndolos se alivia también esa preocupación o sufrimiento por el bienestar de los hijos.

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Enseñar a los niños a afrontar la ansiedad

Ejemplos útiles en este sentido pueden ser el de aprender a nadar, o a ir en bicicleta. Para muchos este proceso de aprendizaje puede haber resultado algo difícil y angustioso. El miedo a caerse, o ahogarse, los pensamientos de inseguridad en niños… Están a flor de piel, y ahí van a estar hasta que se afronten. Los niños que aun con ese malestar se montan en la bicicleta, o entran en la piscina, ven que poco a poco esos miedos de diluyen y entran en escena otras cualidades, de diversión y placer. Pero para llegar a ese punto han tenido que entrar en la piscina con ansiedad. Los que no entraron en la piscina, o se montaron a la bici, por esos miedos, pueden pasar los meses, años… Y esa inseguridad seguirá ahí, hasta que sea afrontada.

En algún caso práctico trabajando en terapia psicológica con niños, como por ejemplo para superar el miedo del niño a dormir solo, recuerdo haber recibido llamadas de la madre cuestionando el proceso, preocupada porque su hijo lo estaba pasando mal por las noches. Ahí se ve claramente como, el querer evitar el malestar a nuestros niños entra en escena, pidiéndonos que los protejamos, y suele ser ahí, donde los padres deben estar dispuestos a sentir eso, como el niño con ansiedad a sentir su ansiedad, para que no le domine, y poder avanzar. Así superó finalmente ese niño el miedo que le impedía permanecer en su cama y dormir toda la noche.

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