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La crisis sanitaria debida al Coronavirus (COVID-19) ha alterado las vidas de prácticamente todo el mundo. Por primera vez para la mayoría de nosotros, nos encontramos ante algo de fuerza mayor y ajeno a nuestro control, que conlleva toda una serie de cambios. Es por ello importante tener en cuenta algunos aspectos sobre cómo gestionar el confinamiento psicológicamente.

En situaciones como ésta es fácil que tengamos una mayor volatilidad emocional, una montaña rusa de emociones como algunos señalan en redes sociales: de la preocupación al aburrimiento, a la ansiedad, a la ira, alegría, de vuelta a la preocupación… y será importante, en la medida de lo posible, que podamos llevar nosotros las riendas de esta situación.

¿Por qué nos afecta el confinamiento?

Estamos acostumbrados a pensar que lo que pensamos y sentimos condiciona lo que hacemos, pero es fácil perder de vista cómo condiciona lo que hacemos, y el contexto en el que vivimos, a lo que pensamos y sentimos. 

La incertidumbre, el miedo a contagiarnos o que se contagien seres queridos, ver el aumento en el número de muertos, no poder salir de casa, dejar de hacer las cosas que nos gustan, no ver a la gente que queremos, la falta de intimidad… Tienen un efecto sobre nuestro pensar y sentir. 

¿Cómo nos puede afectar?

Los efectos psicológicos del coronavirus pueden variar según cada persona, y evolucionar según momentos durante el confinamiento. Algunas consecuencias probables de una situación como la actual son los siguientes:

 

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¿Cómo podemos llevar bien el confinamiento?

Veremos ahora algunas pautas que pueden ser útiles para llevar el confinamiento de la mejor manera. Estamos en una situación difícil, y como veíamos, sentiremos y pensaremos, probablemente de manera “distinta”.

La idea de estas pautas es que podamos controlar la situación nosotros, sin dejarnos llevar por el malestar y la situación. 

1. Darnos permiso para sentir y pensar

Abrirnos a sentir y pensar lo que tengamos que sentir y pensar. Hemos crecido escuchando mensajes tipo “no te enfades”, “no pienses estas cosas”, que nos dan a entender que cuando hay alguna emoción o pensamiento desagradable, debemos controlarlo y tratar de eliminarlo.

La ciencia ha demostrado sin embargo que eso no suele ser posible (De hecho popularmente ya lo sabíamos: No pienses en un elefante rosa). La situación en que estamos activa en nosotros muchas cosas que sentir, y parece que poco podemos hacer CONTRA ellas. 

Aprender a estar CON esas emociones que hasta ahora nos han dicho que eran “negativas” (ira, tristeza, ansiedad…) nos evitará entrar en luchas internas y entrar en bucles contraproducentes. Al mismo tiempo, nos permitirá relacionarnos con nosotros mismos desde una mayor amabilidad y autocompasión.

2. Centrarnos en las cosas que sí están bajo nuestro control

Dejando de luchar contra nuestros pensamientos y emociones, podemos estar más atentos y elegir cómo vamos a invertir nuestras energías.

Estamos en una crisis en la que poco podemos hacer individualmente, o mejor dicho, todos tenemos que hacer muy bien solo unas pocas cosas: lavarnos las manos, tomar precauciones al salir a la calle, mantener distancias…

Se trata de acciones muy necesarias, y al mismo tiempo muy pequeñas. El hecho de ser tan pequeñas, que puedan parecer insignificantes si las vemos de uno en uno, puede hacer que perdamos motivación e interés por ellas. Tener presente que todos tenemos un pequeño, pero un papel en esto, y hacer nuestra parte, será de gran ayuda para todos.

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3. Elegir caminos que cultivar

Más allá de poner tu grano de arena para que esto termine de la mejor manera, ¿Qué te gustaría hacer con tu tiempo durante el confinamiento? Cuando todo esto termine, si pudieras elegir, ¿Cómo te gustaría salir de esta crisis? Tal vez estos ejemplos puedan inspirarte: 

  1. Con una mejor relación con alguna persona en concreto
  2. Siendo un padre/madre más cercano con los hijos
  3. Conociendo mejor a tus compañeros de clase / trabajo
  4. Hablando mejor inglés
  5. En buena forma y con hábitos más saludables

Plantearte qué partes de tu vida te gustaría fortalecer durante la crisis del coronavirus y de qué maneras lo puedes hacer desde casa puede ser un buen camino.

4. Crearse una rutina

Sin lugar a duda, planificarnos el día con acciones que queramos hacer, es un primer paso que facilita enormemente que acabemos haciendo dichas cosas. Nuestro nivel de actividad en ocasiones parece funcionar por inercia: A más cosas hago, más fuerte/vital me siento para hacer más. A menos hago, menos me apetece… 

Cuando hay una caída de nuestro ritmo vital diario como en un confinamiento, es fácil que la pereza aumente considerablemente. Crearnos una rutina diaria nos permitirá mandar nosotros sobre la pereza y no al revés, y tener días más enriquecedores.

5. Estar presente

Es frecuente que las personas estemos de cuerpo presente en un sitio, y con la mente en otros lados. Normalmente, nuestra “mente” se escapa rápidamente a solucionar posibles problemas, darle vueltas al pasado o al futuro. 

En situaciones de incertidumbre como la actual, con mensajes de todo tipo (reales, fake news, optimistas, catastrofistas…) es fácil que nuestra mente divague imaginando posibles futuros. Y para los que tenemos tendencia a preocuparnos, serán futuros alarmantes. 

Notar que la mente se va, que entramos a pensar situaciones hipotéticas que no podemos controlar, y redirigir nuestra atención al momento, será muy aconsejable. Es una parte fundamental del Mindfulness y nos ayudará a no enredarnos con los pensamientos y sí disfrutar más del momento. 

6. Cuidar a los nuestros

Los nervios, la falta de intimidad, estar tanto tiempo con las mismas personas, en una situación extraña para cada una de ellas, puede facilitar los conflictos interpersonales.

Estamos en tiempos de cuidarnos unos a otros, y probablemente sea un momento para poner en práctica más que nunca la amabilidad, el cariño y la compasión con las personas que nos importan.

Es normal sentirse irascible, las ganas de responder bruscamente pueden ser una respuesta muy automatizada para preservar nuestra tranquilidad y/o intimidad.

Sin embargo, es aconsejable estar especialmente atentos a cómo nos sentimos en esos momentos y responder de una manera acorde a cómo queremos ser con esas personas, de nuevo, mandando nosotros sobre la irascibilidad, y no al revés.

Raramente se pone a prueba la fuerza de las personas durante los buenos tiempos, pero sí cuando una crisis desafía nuestras capacidades. El cómo la afrontemos, nos apoyemos los unos a los otros, y cómo respondamos a la situación será lo que nos defina como sociedad.       Halimah Yacob

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